Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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La Convención de… ¿ASCO?

El nombre alude a la repulsión, pero ha sido todo lo contrario: placer, interés y orgullo.

En 1964, seis médicos estadounidenses se reunieron y decidieron fundar una organización científica con el propósito de propulsar la investigación en oncología. El resultado fue la “American Society of Clinical Oncology”, con unas siglas en inglés bastante desafortunadas: ASCO.

Desde luego que ninguno de los miembros fundadores hablaba español. No obstante, el nombre pegó, y hoy día la ASCO es la sociedad más grande e importante de oncología. La reunión de este año atrajo 40,000 oncólogos de los cuales la mitad eran europeos, latinoamericanos y asiáticos. Se ha convertido en una sociedad internacional (ISCO) pero sigue llamándose ASCO.

Cada año, en la convención del ASCO, se presentan miles de trabajos científicos provenientes de todo el mundo. El tema central esta vez fue la medicina con precisión, y es imposible resumir en una columna cinco días de interesantes conferencias, pero hay dos que sin duda debo resaltar.

Empecemos por el cáncer de mama, el tumor más común en las mujeres. Existen diferentes tipos y presentaciones del cáncer de seno, pero lo usual es que sean localizados.  Hace años que se viene usando quimioterapia llamada adyuvante para disminuir el riesgo de una recaída después de la cirugía. La radioterapia y la terapia hormonal también son parte de la fórmula terapéutica en determinados casos. Pero la parte más difícil para las pacientes es tener que recibir seis tandas de quimioterapia adyuvante.

Hace ya más de una década se diseñó una prueba de laboratorio que identifica un panel de 21 genes que se expresan o no en el cáncer de seno. Estos genes determinan si la quimioterapia es necesaria como adyuvante después de la cirugía.  Las pacientes se dividen en tres grupos: aquellas cuyo resultado tiene una puntuación de 0-10; las que tienen 11-25 puntos, y finalmente las que arrojan una puntuación de más de 25. Ya se había determinado que el grupo más favorable es el que tiene 0-10 puntos y no necesita quimioterapia. También habíamos aprendido que en el grupo desfavorable, el de más de 25 puntos, la quimioterapia es imprescindible. El problema radicaba en el grupo intermedio, de 11-25 puntos, en el cual no quedaba claro si era necesaria o innecesaria la quimioterapia. Resolver esa duda era muy importante, porque en esa categoría intermedia está el 67% de las pacientes.

En la convención anual del ASCO, que acaba de concluir, se presentó un estudio trascendental, cuyos resultados esperábamos hace años. El estudio estaba diseñado para resolver la duda de cómo tratar al grupo intermedio de mujeres. A la mitad de las pacientes, se les administró quimioterapia, y a la otra mitad no. El resultado fue que la quimioterapia no ayudó a este grupo. Sin embargo, cuando se examinaron los datos con más detalle, se llegó a la conclusión de que las mujeres premenopáusicas, que tenían una puntuación intermedia, pero en el rango superior intermedio, sí se beneficiaron de la quimioterapia adyuvante.

Este estudio monumental de 10,253 mujeres, representa un gran avance, ya que anualmente alrededor de 900 puertorriqueñas y 70,000 estadounidenses, que antes pensábamos necesitaban quimioterapia, hoy día se pueden librar de ella.  La cara negativa de la moneda es que, hasta este momento, le hemos dado quimioterapia innecesariamente a miles de pacientes, pero en aquel entonces buscábamos asegurarnos de que el cáncer no volviera. Naturalmente, habrá una tercera interpretación: la de aquellos que dicen que la quimioterapia no ayuda a nadie, y que para qué perder el tiempo estudiándola. Sin embargo, lo grandioso de este estudio es que hemos aprendido a determinar con precisión cuáles son las mujeres que sí necesitan quimioterapia, y cuáles no. La mayor parte, casi dos terceras partes, no la necesitan… y este avance no se hizo por inspiración divina, sino por décadas de ardua investigación.

El segundo estudio que provocó gran entusiasmo en la convención, se relaciona con la disciplina de inmunoterapia, tema que he discutido en estos escritos, pero que sigue evolucionando a grandes pasos.

Hace ya unos años se descubrieron dos diferentes proteínas en la superficie de algunos tumores; proteínas que son capaces de “apagar” o inactivar los linfocitos, unas células de nuestro sistema inmune. Otro tipo de célula del sistema inmune que atacan y se comen los tumores, son los llamados macrófagos.  En ASCO 2018 se presentó un trabajo fascinante acerca de una proteína recién descubierta, que se encuentra comúnmente en la superficie de los tumores, y cuyo rol es enviar una señal de “no me comas” a los macrófagos que deben combatirlos. Es otra forma en que el tumor se defiende del ataque del sistema inmune.

Lógicamente, enseguida un científico de la industria farmacéutica se dio a la tarea de fabricar un anticuerpo que pudiera actuar en contra de esa proteína que impide que nuestro sistema inmune se defienda, o “se coma” los tumores.

Donde primero se está investigado el fármaco es en cáncer de colon, en leucemia mieloide aguda y en linfomas no-Hodgkin. El primer estudio en salir a la luz pública se presentó en una de las sesiones de linfoma de ASCO. En él se estudiaron 22 casos de linfomas que habían ya fallado múltiples veces a tratamientos previos. De esos 22, 15 tenían linfomas agresivos, y los otros 7 linfomas menos agresivos. De los agresivos, 40% respondieron, y, de los otros, el 71%. Solo uno de los que respondió ha recaído. Estos resultados, aunque preliminares, son muy prometedores, pero tendrán que reforzarse con un estudio más amplio, que incluya un mayor número de pacientes. Si estos datos se comprueban, representaría otro gran triunfo para la inmunoterapia, al igual que para la medicina con precisión, que fue el tema central seleccionado para esta convención.

Queda claro también que la investigación en el campo de la oncología no está destinada a descubrir y comercializar más drogas de quimioterapia con gran toxicidad, sino lo contrario, con menos efectos secundarios y con más precisión. Y además debe quedar claro que nuestra intención como oncólogos es usar la quimioterapia cada vez menos. Estamos alcanzando la cima de la investigación oncológica, y sin duda seguiremos cosechando más frutos en un futuro bastante cercano… pero me causa terror pensar cuánto nos cobrarán por estas drogas modernas. El costo promedio actual por drogas nuevas para el cáncer es de $160,000 por un tratamiento entero y si el tratamiento dura más de un año, puede ser todavía más.

¿Podemos seguir pagando esos precios? La humanidad tiene la respuesta.


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