Gustavo Vélez

Punto de Vista

Por Gustavo Vélez
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La generación que puede salvar a Puerto Rico

Tras cuatro intensas semanas, entramos a agosto con una sensación de que gradualmente regresamos a la normalidad. La nueva gobernadora Wanda Vázquez, ha entrado en funciones, y ha transcurrido su primera semana en el cargo. 

En estos días también cumplimos un mes desde que iniciaron las protestas masivas dirigidas por una coalición de sectores, principalmente por los artistas de la generación conocida como los millennials.  

La nueva coyuntura obliga a realizar una profunda reflexión sobre las lecciones aprendidas luego del agitado mes de julio, para poder desarrollar los lineamientos de lo que sería la aspiración a nueva gobernanza. Confieso que esta reflexión se ha nutrido de reuniones y conversaciones con algunos de los protagonistas de lo que ocurrió en julio. 

Debo manifestar también que mi reflexión ha estado apoyada por conversaciones profundas que he tenido con mi hijo Fabian Andrés. Pasé largos días explicándole lo que pasaba, y por qué los artistas de música urbana que él escucha estaban en la calle pidiendo un cambio de gobierno. 

La revolución de julio de 2019 será recordada como la primera vez que cae un gobierno electo democráticamente en una jurisdicción federal, sin un disparo ni muertes. 

Es igualmente significativo que los líderes del movimiento que llevó a la renuncia de Ricardo Rosselló no pertenecían a partido alguno, ni tampoco contaban con una plataforma programática u oferta electoral. 

Eran solo jóvenes, liderados por artistas con amplio poder de convocatoria dado su apoyo entre la juventud, los que llamaron al pueblo a tirarse a la calle. Ricky Martín, René Pérez (Residente), Jorge Pabón (El Molusco), y Benito Martínez (Bad Bunny), fueron los líderes de la revolución del verano.  

Hicieron lo que ningún movimiento político, sindicato, u organismo empresarial, hubiera podido hacer: gestar un verdadero movimiento de pueblo para tumbar un gobierno que se alejó de los principios más fundamentales de respeto y sana administración. Detrás de ellos, hay una generación que lleva mucho tiempo en silencio, contemplando desde las gradas una isla mal gobernada, dirigida por una clase política que hace tiempo le dio a la espalda al pueblo, una generación que hereda una economía quebrada y en ruinas. 

Esa generación que enfrenta un desempleo de 25%, porque no hay oportunidades para la juventud, y que coexiste con los prejuicios de que no tiene nada que aportar, fue la que realmente salió a la calle a dejarse escuchar y exigir un verdadero cambio. 

Los famosos millennials son la nueva fuerza que se ha marginado y no le hemos dado el espacio para que pueda poner sus ideas en la mesa y ser parte de la construcción del nuevo Puerto Rico. Son esos mismos jóvenes los que están apostando a un mejor futuro aquí en su tierra, creando negocios, desarrollándose mediante diferentes iniciativas artísticas y culturales. 

Esa generación no tiene miedo, y se trata de abrir espacio en una isla asediada por el pesimismo, muy diferente al país en el que se criaron sus padres y abuelos. A mi juicio, esa es la generación que puede salvar a Puerto Rico. 

Espero que los partidos políticos y la nueva gobernadora hayan entendido el mensaje que se envió contundentemente el pasado julio. A mi juicio, la partidocracia y la vieja forma de gobernar han quedado seriamente cuestionadas. 

La pregunta obligada es si los funcionarios electos han entendido la dimensión del mensaje que le enviaron las cerca de 500,000 personas que salieron a protestar. 

Espero que las largas semanas de agitación social y económica hayan servido para comenzar a delinear la ruta de un nuevo Puerto Rico.

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