Gabriel Andrés Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Gabriel Andrés Rodríguez
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Reconstruir el país sobre bases sólidas

Bien lo dijo la meteoróloga Ada Monzón cuando se acercaba Irma: “si nos impacta directamente, Puerto Rico ya nunca será igual”. Y no fue Irma, sino María, pero Puerto Rico hoy atraviesa la peor crisis de su historia y ya nunca será igual. Queda en nuestras manos determinar, si se ahoga en esa crisis, o surge de ella como un país próspero, solidario, resiliente y sostenible.  

En lo inmediato, hay que atender necesidades básicas de cientos de miles de afectados, inclusive reconstruir (en muchos casos reubicar) a decenas de miles de viviendas y miles de empresas. En paralelo, hay que recoger y reubicar millones de toneladas de escombros y basura, además de poner en condiciones la infraestructura de comunicaciones. Esto permitirá reactivar la producción de riqueza y toda la enorme diversidad de elementos de nuestra economía, educación y cultura. En todo esto laboran, con encomiable patriotismo, solidaridad y compromiso, cientos de miles de individuos y colectivos desde cada rincón de nuestro archipiélago y de la patria extendida en la diáspora.

Pero no puede ser para “volver a la normalidad”. Colectivamente, tenemos que aprender de todo lo que hemos vivido durante los pasados días, años y décadas. Debemos aspirar y laborar hacia una nueva realidad que deje atrás la pobreza, la desigualdad, la dependencia, la corrupción, el partidismo y las estrategias fallidas de falso desarrollo y falsa democracia.

Hay que reconstruir sobre la base firme de una visión de país que refleje y afirme los más altos valores de nuestro pueblo y que sea consistente con nuestra verdad como habitantes del Caribe y parte de un mundo cambiante. Para eso hay relaciones, prácticas e instituciones que construir y reconstruir. Igualmente, muchísimo escombro que remover en nuestras formas de pensar y de vernos como colectivo social.

Para empezar, y ya vamos empezando, afirmemos que somos una nación, no sólo “un pueblo”. Ya lo afirmamos en los deportes, en la cultura, en el trabajo solidario por el bienestar de compatriotas y vecinos de otras patrias, cobijados por una bandera que nos identifica y que amamos. Superemos la confusión entre ser puertorriqueños y a la vez ser ciudadanos de otra nación. Lo definitorio es nuestra identidad histórica y natural, que tenemos que liberar de las ataduras mentales y políticas de un sistema colonial.

En vez de continuar aceptando que nuestro presente y futuro se defina por los intereses y prioridades del gobierno de otro país, definamos nuestras propias prioridades y el futuro común al que aspiramos. Esta nación puertorriqueña, si nos lo proponemos, puede reafirmarse y colectivamente definir ese futuro. El proceso mismo irá cambiando nuestros modelos mentales. Ya sobre la marcha se verá cómo esas acciones y esa visión entran en conflicto con la realidad política, generando las condiciones para cambiarla también.

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