Gustavo Vélez

Punto de Vista

Por Gustavo Vélez
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Un mes viviendo con un enemigo invisible

Hace un mes que la pandemia del COVID-19 llegó a nuestras tierras y cambió nuestras vidas de manera radical. Hace treinta días combatimos con un enemigo invisible, un virus mortal que reta la viabilidad de las economías y los sistemas de salud alrededor del mundo. 

Hasta el momento el virus le ha quitado la vida 108,503 personas y hay 1.7 millones de personas afectadas en el mundo. 

El 12 de marzo, la gobernadora constitucional Wanda Vázquez decidió implementar un cierre casi total de la actividad económica y social para evitar que el virus se propagara en la isla.  Hasta ahí, todo mas o menos bien. 

El cierre o “toque de queda’’ fue anunciado sin mucho aviso o coordinación con el sector privado. Desde entonces hasta hoy, la convivencia con nuestro enemigo invisible ha sido compleja y dolorosa. 

Podemos estipular que la gran mayoría de los puertorriqueños queremos ser aliados de la meta principal de las medidas de distanciamiento social que es salvar vidas.  

Está más que claro que todos estamos dispuestos a asumir los sacrificios necesarios, incluyendo la libertad de movimiento, a cambio de evitar que la pandemia se apodere de la isla. Podemos estipular también que estamos dispuestos a asumir los grandes costos que tendrán estas medidas sobre la economía. 

He estimado que el costo del cierre de la economía pudiera llegar hasta $13,000 millones, un enorme impacto a la ya moribunda economía puertorriqueña. Un total de 300,000 personas han perdido su empleo, y el número pudiera aumentar hasta 400,000 o más, al extenderse el cierre hasta principios de mayo. 

Tardará mucho recuperarnos de este nuevo reto, aún con todas las ayudas habilitadas por el gobierno local y federal. Los golpes han sido muy fuertes y corridos, desde la quiebra gubernamental (2016), los huracanes de 2017 y los sismos de enero del corriente. 

Lo que el pueblo no tolerará es que en medio de la peor crisis que hemos atravesado en tiempos modernos, el gobierno no sea transparente con el manejo de la pandemia y la toma de decisiones. En los pasados 30 días, mientras intentamos sobrevivir al COVID-19, el gobierno no ha sido claro con las estadísticas reales del número de contagios, las pruebas realizadas y la localización de los casos. 

La información ha sido incompleta e inconsistente. El nivel de pruebas es relativamente bajo, comparado a otras jurisdicciones. Solo se han administrado pruebas para 7,709 personas. De ahí, la duda sobre la cantidad real de casos positivos. 

Paralelo a la desinformación estadística, el gobierno ha ignorado por completo las implicaciones económicas de este cierre. El supuesto Task Force Económico está compuesto en su mayoría por figuras afines a la administración, incluyendo contratistas del gobierno, que no querrán retar la posición oficial de laadministración. 

Todo el enfoque parece descansar en medidas superficiales de corto plazo, y al igual que cuando el huracán María en 2017, el gobierno parece descansar en las ayudas federales para curar la economía.  

La legislatura se ha dedicado a pasar legislación sin fundamentos económicos y con un claro enfoque populista para buscar votos de cara a noviembre. Cómodos con sus sueldos de $70,000 anuales, mientras el pueblo trabajador del sector privado cuenta sus ahorros para sobrevivir, los legisladores se divorcian más de la realidad de la gente. 

Por último, el fantasma de la corrupción parece emerger en el peor momento posible. Una investigación de El Nuevo Día sacó a la luz pública una nebulosa transacción de $39 millones en la que una empresa de construcción intentó venderle al gobierno, a sobre precio, pruebas para el COVID-19. 

Nuevamente, “los amigos de la casa”, intentan capitalizar sobre la desgracia del pueblo de Puerto Rico. Hoy, mientras nos preparamos para dos o tres semanas más de sacrificios, tenemos que empezar a cuestionar si en efecto el gobierno está de nuestro lado, o si nuevamente está enfocado en salvar sus propios intereses políticos y el de sus allegados. 

Hoy más que nunca tenemos que ser solidarios, pero fiscalizar a los que le delegamos el poder en las urnas. Luego de un cuatrienio de tragedias y desgracias parece que es poco lo aprendido, luchamos con un enemigo invisible (COVID-19) pero también luchamos solos contra la incompetencia, la mediocridad y el mal gobierno. Esperemos que esta vez, podamos ganarles a ambos. 

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