Irene Garzón Fernández

De primera mano

Por Irene Garzón Fernández
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Georgie Navarro en la balanza del PNP

El Partido Nuevo Progresista juzga severamente a su representante Jorge Navarro Suárez, pero lo hace por las razones equivocadas.

El comportamiento que ha exhibido Navarro en tiempos recientes, aparentemente a causa de la bebida, merece atención del partido, sin lugar a dudas, pero no para castigarlo sino para ayudar al legislador a salir del problema que el alto consumo de alcohol representa.

Hace apenas dos meses, cuando este diario reveló que el legislador tenía bajo contrato o en nómina a familiares de políticos y a amigos, no pasó nada.

Al partido no le importó que Navarro estuviera burlando el espíritu de la ley que prohíbe el nepotismo. Después de todo, los beneficiarios del dinero público que Navarro despilfarraba no eran familiares directos del legislador.

Y es que se trata de una práctica bastante común eso de intercambiarse parientes, inclusive más que la de violar la ley contratando a familiares propios, que también sigue dándose entre legisladores de los dos partidos principales, como se reveló en días pasados.

El caso de Navarro, igual que los recientes de otros legisladores de los partidos mayoritarios, refleja claramente la poca disposición que existe para atender con seriedad el problema de la corrupción.

Si el legislador actúa incorrectamente en sus funciones políticas, el partido mira hacia el otro lado. Pero si tiene un problema de consumo de bebidas alcohólicas, admitido por él mismo, entonces sí que se afecta la imagen del colectivo y hay que castigarlo políticamente.

El problema de la bebida es “un asunto personal” que debe atender el afectado.

Como castigo al más reciente altercado público en el que la bebida jugó un papel importante, Navarro acaba de ser obligado a entregar la presidencia de la Comisión de Gobierno de la Cámara.

No se la quitaron en octubre cuando se reveló el mal uso de fondos públicos para favorecer a familiares de correligionarios y a amigos. Se la quitan ahora por su conducta personal que sí es, en resumidas cuentas, un asunto que daña la “imagen” del partido.

Navarro pidió perdón y accedió a someterse a terapia luego de ser llamado a capítulo por el presidente cameral Carlos “Johnny” Méndez y el ahora presidente del PNP, Thomas Rivera Schatz.

Pero de nada sirvió su arrepentimiento y su intención de reformarse.

Sería interesante saber si los beneficiarios de los contratos denunciados dos meses atrás siguen ahí y si, ahora que Navarro seguramente tendrá menos presupuesto, se quedarán con él o se trasladarán tranquilamente a la oficina de otro legislador que siga pagando por sus servicios.

Ojalá que Navarro logre resolver definitivamente su problema. El PNP ya resolvió el suyo.


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