Irene Garzón Fernández

De primera mano

Por Irene Garzón Fernández
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Se avecina un invierno combativo para la Legislatura

Nuestros políticos, sobre todo aquellos con el poder en sus manos, no aprendieron gran cosa del verano del 19.

Tal vez pensaron que las protestas multitudinarias no tenían nada que ver con ellos, que el blanco era Ricardo Rosselló Nevares y que, conseguida su renuncia a la gobernación, todo seguiría igual.

En gran medida tenían razón porque la sucesora de Rosselló Nevares, Wanda Vázquez, ha preferido mantener las cosas como estaban, con algunas —muy pocas— excepciones en las que ha tomado decisiones importantes.

Pensaron los políticos de la mayoría que, con o sin Rosselló Nevares, seguirían campando por sus respetos. Basta ver el comportamiento de esta semana del presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, ante las críticas a los propuestos códigos Electoral y Civil.

En el caso del Código Civil, que finalmente accedió a dejar pendiente para la próxima sesión ordinaria, que será la última del cuatrienio, resulta obvio que no lo pospuso por un sentido de justicia sino en un intento de desinflar la posibilidad de nuevas protestas convocadas por Ricky Martin, Bad Bunny y Residente.

El verano del 19, en el que ellos tres tuvieron participación destacada, terminó con la renuncia de Rosselló Nevares, pero su propósito central fue denunciar la corrupción y la incompetencia del gobierno para atender los graves problemas sociales, educativos, de salud y de seguridad que impedían la sana convivencia.

Cuando terminó, resurgió prácticamente el mismo engranaje que los políticos de mayoría interpretaron erróneamente como el final de la inconformidad ciudadana.

Pero no era así. Los ciudadanos le daban una oportunidad a Vázquez para comenzar a arreglar las cosas. Ella ha actuado con cautela, pero no hay duda de que Rivera Schatz, que ahora preside el Partido Nuevo Progresista, y la propia comisionada residente Jenniffer González, no se lo están haciendo fácil.

Ahora, la amenaza de aprobar a la trágala un Código Civil denunciado por los opositores como atentatorio contra los derechos humanos y sociales alcanzados en años recientes, así como un Código Electoral que propiciaría el fraude, ha renovado las fuerzas de meses atrás y ya se habla de un “invierno combativo” parecido al verano del 19.

Las protestas del verano demostraron que la mayoría de los ciudadanos no tolera más la corrupción entronizada que no ha tenido respuesta firme de los distintos gobiernos. Tampoco están dispuestos a aceptar un gobierno incompetente o, cuando menos, indolente.

Deben tomar nota los legisladores, sobre todo los de mayoría pero también los de minoría que aspiran a ganar las elecciones del año próximo. Y debe tomar nota la gobernadora Vázquez, sobre la que están posadas las miradas de los ciudadanos en espera de las decisiones trascendentales que le tocará tomar en los meses venideros.

Los códigos Electoral y Civil son ahora mismo su prueba de fuego. Podría decirse que de ella depende el disparo de salida del “invierno combativo” y caliente que se está gestando.


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