Manuel Rivera

Desde la diáspora

Por Manuel Rivera
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George Floyd and Ahmaud Arbery: los vídeos no mienten

Apenas nos enteramos alarmados de que un joven negro fue abatido a tiros mientras trotaba en la ciudad de Brunswick, en Georgia, cuando nos llegó la noticia de Minneapolis que colmó la copa y volcó al país a manifestaciones violentas.

Los incidentes en Brunswick y Minneapolis han reabierto una cicatriz profunda en Estados Unidos. En el país se cometen miles de crimines de odio contra la comunidad negra y otras minorías, resultado de la discriminación racial y la desigualdad social rampante. 

El Departamento de Justicia federal dio a conocer en 2018 los datos: 8,496 casos de crimines de odio, 65% fueron contra personas, 31% contra la propiedad y 3.4 contra la sociedad. De esos, 6,266 personas estuvieron identificadas como los perpetradores de los crímenes, de los cuales el 53% o 3,547 fueron perpetrados por gente de la raza blanca, cuya única motivación ha sido la raza, ascendencia étnica de la persona o la orientación sexual de la víctima. 

Se estima que las cifras son mayores. Algunas de las víctimas rehúsan ir a las autoridades por temor a represalias, especialmente, si la persona es latina y sin residencia legal.

En Estados Unidos, si eres negro y tres personas de la raza blanca te persiguen, mientras una graba un vídeo y dos están bien armados en atuendos de cazadores, tienes dos opciones: correr lo más que puedas, o luchar por tu vida hasta el último momento como Ahmaud Arbery. El caso de George Floyd es aún más triste: ya estaba con sus manos atadas detrás de su espalda y tirado al suelo cuando lo mataron, lo que dio paso a la ira que desatada por el país. 

Se puede entender la reacción de violencia en las comunidades de Minneapolis y otras ciudades de Estados Unidos que viven la discriminación racial diariamente. Pero aun con eso y todo lo demás, deberíamos controlar nuestras emociones para evitar al ciclo vicioso de sucumbir al odio y recurrir a la venganza. Se han infiltrado agitadores en las manifestaciones que solo quieren crear caos para avanzar agendas neonazis y otras por el estilo, que empañan el mensaje de los que protestan pacíficamente.  

Los linchamientos del pasado, y los asesinatos más recientes contra miembros de la comunidad negra, hispana y otros grupos son parte de la historia de Estados Unidos. Pero la historia, a pesar de su dolor desgarrador, aunque no puede ser borrada, si la enfrentas con coraje, no necesitas volver a vivirla, dice Maya Angelou en “El Pulso De La Mañana”, poema que leyó durante la toma de posesión del presidente Bill Clinton en 1993. 

Enfrentar la historia con coraje está muy lejos de recurrir a la violencia. Pero tenemos que entender la rebeldía de la comunidad negra y de otras minorías que sufren la desigualdad social y el discrimen, que tienen sus raíces arraigadas en la sociedad.

Antes eran los linchamientos de negros que se celebraban como verbenas y nadie decía nada o quedaban impunes. Hoy día están disfrazados de policías o de vigilantes de la comunidad con el pretexto de que están combatiendo el crimen, y se aprovechan así para utilizar la fuerza letal. En un estudio publicado por el Atlanta Journal Constitution, como ejemplo de este problema histórico, Georgia es el segundo estado en la nación con el mayor número de linchamientos registrados entre 1877 y 1950, detrás de Mississippi. 

A través de los años, el patrón ha sido el mismo: se alega que las victimas rehusaron a someterse a un arresto legal y/o agredieron a la autoridad, lo cual dio causa para utilizar la fuerza letal o excesiva. 

Pero esta vez podemos desmentir el guion que se utiliza como pretexto, porque nos hemos enterado por los vídeos circulados en las redes sociales. El primero, captado por el lente de implicados, el segundo de los negocios adyacentes, y otros tomados por testigos de los hechos. 

Los casos tienen similitudes, como muchos otros de los que no hay vídeos. Las víctimas son personas negras y los acusados de la raza blanca. En el primero está involucrado un exagente de la policía del condado de Glynn, su hijo y un vecino, autodenominados vigilantes; en el segundo, cuatro policías de la ciudad de Minneapolis, de los cuales uno solo ha sido acusado. Aunque el jefe de la Policía, Medaria Arrandondo, dijo en CNN que la inacción de los otros policías presentes durante el crimen los hace cómplices. 

Los vídeos no mienten. Ahora las protestas por la muerte de George Floyd se extienden por el mundo: London, Copenhague, Berlín, Nueva Zelanda, entre otros lugares.

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