Phillip Arroyo

Desde la diáspora

Por Phillip Arroyo
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Sigue la era del político robot en Puerto Rico

Este ciclo electoral en los Estados Unidos, sin lugar a dudas, ha demostrado ser sumamente interesante a raíz de lo que he denominado como “El Fin de la Era del Político Robot”. Hace poco fui entrevistado por una cadena televisiva en Orlando sobre el ambiente político en la nación estadounidense y expresé que la gran popularidad del republicano Donald Trump y el demócrata/socialista Bernie Sanders se debía en gran medida a la poca timidez de ambos en ser genuinos y en ser ellos mismos sin importarle si sus palabras son “políticamente correctos” o, como se diría aquí, “politically correct”.

Si bien es cierto que las expresiones del Sr. Trump son totalmente reprochables e indignantes, hay que admitir que su mensaje ha logrado efectivamente aglutinar y atraer al sector racista y extremista de los Estados Unidos, desembocando así en su victoria primarista dentro de su colectividad, el partido republicano. Todos pronosticaban (me incluyo) una victoria primarista de los “robóticos” Jeb Bush o Marco Rubio, quienes siempre han sido meticulosamente cuidadosos con sus palabras, lo que aparentemente genera desconfianza ante el pueblo a raíz de estos intentar ser una persona que no son.  El electorado estadounidense aparentemente ha cambiado su gusto político hacia el político que hable “a calzón quita’o" y que se mantenga firme en sus creencias sin importar los costos políticos.

El senador Bernie Sanders ha sido el primer candidato presidencial en atacar y exponer directamente a los grandes intereses americanos que explotan y siempre han explotado a Puerto Rico. Antes, los candidatos presidenciales en los estados unidos le huían como el diablo a la cruz a tener que contestar si Puerto Rico es una colonia o no. Claro, por supuesto  que incomodaría a cualquiera que vende sus conciencia tener que  criticar un régimen colonial que le ahorra miles de millones de dólares en contribuciones a las mismas corporaciones que le donan a las campañas políticas del Congreso, la Casa Blanca y políticos en la isla.

 El fenómeno de Bernie Sanders y Donald Trump parece indicar que el pueblo americano ya está cansado del clásico político robótico, rígido , de discursos preparados y telemprompter, y ahora parece inclinarse a su vez, hacia el político genuino y extrovertido. Es por esto que me preocupa grandemente la posibilidad real de una victoria de Donald Trump en noviembre de 2016. Hillary Clinton, a diferencia del carismático Bill Clinton, más robótica no puede ser. La realidad es que todo  el mundo sabe muy en su interior que Hillary Clinton no es su esposo; pero todos parecen seguir el fantasma de su presidencia.

En Puerto Rico, este cambio o evolución en el estilo de hacer política no ha surgido. El Dr. Ricardo Rosselló luce robótico en sus interacciones con los medios y en los debates, a diferencia de su padre, quien tenía un gran don del verbo y poseía la habilidad innata de inspirar a las masas. Es increíble como Ricardo Rosselló aún necesita seguir repitiendo estribillos de su padre para proyectarse como candidato viable. La realidad que todos hoy sabemos es que el Dr. Ricardo Rosselló no es su padre. Muy parecido a la situación de Hillary y Bill Clinton, el pueblo PNP aún sigue ciegamente la fantasma del Dr. Pedro Rosselló, lo que podría generar una situación peligrosa, parecida al desenlace electoral de 2004 en el que Dr.  Rosselló perdió.

El Partido Popular y David Bernier son la máxima exponencial de lo que significa ser un “político robótico”. Pero esto no es de sorprender, ya que el PPD se engendró como una mentira manufacturada y diseñada por el Congreso de los Estados Unidos y promovida por una marioneta, el gobernador  Luis Muñoz Marín. El “robotismo” y su habilidad para expresar todo lo que se le decía que le dijera a las masas de alguna manera u otra logró convertir a Muñoz Marín en un “prócer”.

El único partido que le ha hablado “a calzón quita’o a nuestro pueblo de Puerto Rico ha sido el Partido Independentista Puertorriqueña”, el que elección tras elección nos ha predicado a la saciedad sobre el esquema corporativo colonial de los Estados Unidos en Puerto Rico y nunca le hacíamos caso, y me incluyo porque yo era estadista.

Ante los sucesos innegables de la ya casi asegurada imposición de una junta de control fiscal, el rechazo claro y contundente de los Estados Unidos a los resultados del plebiscito de 2012, en el que ganó la estadidad por un amplio 61% y el bloqueo a cualquier tipo de acceso a bancarrota demuestra claro e inequívocamente que Don Pedro Albizu Campos, Don Gilberto Concepción de Gracia y Don Rubén Berríos, todos tenían la razón.

El tiempo les ha dado la razón.

¿Cuándo Puerto Rico por fin comenzará a escuchar y caer en razón de que la independencia es la única opción respetable y viable?

Esa es la pregunta.

On to victory. 

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