Mayra Montero
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El verano del 20, ¿combativo?

Más bien todo lo contrario.

El de 2019 desplazó a un individuo incómodo para Washington, mientras se le daba paso a una mujer, Wanda Vázquez, que al final se ha enredado en su propia inconsistencia.

No ha tenido buenos asesores, como mencioné ayer en un escrito a propósito de su comparecencia ante los medios. No se debió meter en una batalla que no tenía ninguna posibilidad de ganar: la que emprendió contra la exsecretaria de Justicia.

Dennise Longo tiene calle, me refiero a ese tipo de calle que es la contención juiciosa y un tramo largo de credibilidad. Se le notaba anoche, en la entrevista que le hizo Jay Fonseca, y en otra anterior que dio a "Pelota Dura". Ha sabido convertirse en la serena víctima, y la gobernadora ha perdido el primero y quizá el único round de este combate.

Eventos como el del verano de 2019 se dan una vez, y no pueden enfocarse en un individuo y su círculo más íntimo, en este caso Ricardo Rosselló y sus compinches, porque no era eso. El verano del año pasado, aunque traten de presentarlo como una gran gesta, fue todo un fiasco. Saliendo Rosselló por una puerta, se metió Pierluisi por la otra. Válgame.

Luego los tribunales le pidieron a Pierluisi que se apartara y advino al poder Wanda Vázquez, que aseguró que no le interesaba la política, y esa ha sido la gran verdad de su gestión. No le interesa. Si le interesara, hubiera podido arrasar, renunciando a las alianzas politiqueras de sus predecesores.

En el verano del 19 no hubo organización ni liderato político, ni un equipo que convocara al gobierno provisional, a la autoproclamada soberanía —ya que la autoproclamada estadidad es imposible—, y a la conversación con Washington.

Hubo consignas trasnochadas, caravanas organizadas por Rey Charlie y perreo. ¿Alguien todavía cree que hay que felicitarse por aquel empujón que hizo saltar por los aires el mandato de Rosselló? Nótese que pasado un año no ha habido autocrítica.

Este verano no habrá nada parecido. El mundo se ha vuelto muy confuso. La gente está pendiente de las primarias y del nivel del lago Carraízo. En especial, el COVID-19 lo ha trastocado todo. Los días bubónicos no son propicios para pasar las noches frente a La Fortaleza y pedirle a Wanda que renuncie. No está en el ánimo de la gente porque hay una intuición. Y esa intuición gira en torno al futuro inmediato: el presupuesto aprobado por la Junta; las inminentes decisiones en el tribunal de quiebras, y la segunda vuelta de la Junta. ¿Les parece poco?

Este verano es raro y aturdido. Los Estados Unidos están metidos hasta la rodillas en su propia pandemia, según el epidemiólogo Anthony Fauci. El mundo anda muy atareado haciendo planes para salir del hoyo. Ya hubo un parón de meses y nadie va a querer propiciar otro.

La Asamblea Legislativa es un museo de cera. La Fortaleza, otro museo de imágenes que parecen casi reales.

Tratemos de mantener, al menos, la carne viva de la objetividad.

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