Los residentes de las islas municipio sufren la misma incertidumbre que los ha acosado desde hace décadas: asegurar servicios médicos adecuados. Los habitantes de Vieques y Culebra deben procurar atención básica de salud en instalaciones de Fajardo, Carolina y San Juan. Esto los obliga a viajar por vía marítima hasta la isla grande, lo que implica gastos de tiempo, dinero y, en casos urgentes, el riesgo de vida o muerte.
Combatir las precariedades de salud en Vieques y Culebra deben formar parte de las prioridades del gobierno, y con mayor razón cuando se trata de dos comunidades que, en su mayoría, presentan un perfil socioeconómico vulnerable.
El complejo dilema que pone en entredicho la continuidad de los servicios en el Centro de Diagnóstico y Tratamiento (CDT) culebrense revive una incertidumbre injusta para cientos de familias necesitadas de atención médica. Tras el paso del huracán María, la Foundation for a Better Puerto Rico movilizó cerca de $3 millones en aportaciones privadas —sin un solo dólar del Estado— para rehabilitar el CDT y adquirir equipo médico. Desde 2018, un modelo que combina el Sistema de Salud Menonita, Droguería Betances, Farmacia Cristina y el Departamento de Salud ha logrado ofrecer a los culebrenses servicios esenciales: atención primaria, laboratorios, vacunación, planificación familiar y, después de más de una década, la posibilidad de volver a contar con una farmacia.
Ese modelo está en suspenso y las versiones oficiales no coinciden. El Departamento de Salud sostiene que Menonita decidió no continuar y que exigía casi duplicar el pago por el mismo servicio; Menonita ha afirmado por escrito exactamente lo contrario: que desea permanecer y que es el gobierno quien no quiere mantener el pago acordado. El secretario de Salud debe explicar, con documentos y no solo con declaraciones, qué incumplimiento o ineficiencia justificó la búsqueda de un nuevo operador, y qué garantías existen de que la transición —anunciada para el 1 de septiembre— no interrumpirá este vital servicio a Culebra.
Una situación similar, aunque de mayor escala, se registra en Vieques, donde desde hace nueve años la población espera la reapertura de un centro de salud. El nuevo Hospital de Vieques, con 59,000 pies cuadrados y un helipuerto certificado, costó unos $85 millones en fondos estatales y federales tras la destrucción del Centro de Salud Susana Centeno por el huracán María. La construcción ya terminó y las instalaciones fueron entregadas al Departamento de Salud en diciembre pasado. Sin embargo, ocho meses después, el hospital sigue sin fecha de apertura.
Ese contraste —cuando el dinero ya se invirtió y la obra sigue paralizada por falta de personal— no es exclusivo de Vieques. Según reveló un informe reciente de la firma RAND Corporation sobre la reconstrucción pos-María, hay un claro patrón que explica buena parte del atraso en la isla completa: una reconstrucción repartida entre cientos de subrecipientes, sin una sola persona facultada para exigir cuentas ni fijar prioridades sobre la totalidad de la cartera de proyectos. En Vieques, la burocracia registra una secuencia indignante: la obra pasó por la Autoridad para el Financiamiento de la Infraestructura, la adquisición de equipos corresponde a la Administración de Servicios Generales, y el Departamento de Salud aún debe contratar la operación y tramitar el licenciamiento. En síntesis, un ejemplo perfecto de burocracia cuestionable.
En todo este cuadro también hay otra arista. La clase médica profesional y, en particular, quienes se desempeñan en el campo de la salud, también tiene un rol que desempeñar. Iniciativas de clínicas de prevención, jornadas de orientación de salud en Vieques y Culebra podrían aliviar la brecha que la burocracia gubernamental no ha logrado cerrar.
Vieques y Culebra no esperan recibir un trato especial. Exigen lo mismo que el resto del país merece: poder atender su salud sin que la distancia, la burocracia o el abandono institucional se conviertan en una sentencia o en un inmerecido castigo.

