La decisión de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) de conceder un crédito a miles de abonados que han confrontado dificultades con el suministro de agua potable merece el aplauso del país, siempre y cuando el proceso se lleve a cabo de manera justa y ordenada y sea parte de un esfuerzo mayor de la corporación pública para superar los problemas que la han abrumado durante el pasado año.
El crédito, según anunció la gobernadora Jenniffer González el pasado lunes, 28 de septiembre, beneficiaría a residentes de sectores de San Juan, Carolina y Loíza, los cuales sufrieron prolongadas interrupciones en el suministro desde mucho antes de la sequía que obligó a racionar el agua una cantidad sustancial de otros abonados de estos pueblos, así como de otros municipios que se sirven del lago Carraízo.
A los residentes de los sectores afectados se les beneficiará con un crédito de 50 por ciento de la factura del tiempo correspondiente a los periodos evaluados y se aplicará de manera automática, según la gobernadora. El reto aquí, como en todo, va a ser la ejecución. Deseamos que la AAA encuentre la manera de conducir este proceso de forma eficaz y ordenada, de manera que las familias que llevan tanto tiempo con problemas de agua tengan al menos un alivio.
Por supuesto, los últimos meses dejaron claro a todo Puerto Rico que la magnitud de los problemas de la AAA supera por mucho los que se producen a consecuencia de una sequía. La AAA se reveló ante el país durante el último año como una corporación pública muy mal manejada, con falta de recursos y de mantenimiento y que pierde una porción sustancial de lo que produce, algo en lo que, increíblemente, no ha logrado avance en años.
Estos son algunos de los problemas que han afectado a la AAA por décadas. Eso es, precisamente, lo más reprochable, que los administradores, de antes y de ahora, de una dependencia que ofrece un servicio tan crítico a la población, hayan permitido que continúe deteriorándose de tal manera que, cuando escasea la lluvia unos cuantos meses, se ve obligada a racionar el servicio a decenas de miles de clientes y a improvisar “soluciones”.
Es nuestra esperanza que la gerencia de la AAA haya aprendido la lección del pasado año, en el que sus enormes carencias quedaron muy bien expuestas.
La AAA debe, por ejemplo, establecer un plan de dragado de embalses, un tema que por lo regular se toca solo cuando hay sequía. Además, tiene el deber de aquilatar de manera integral el estado de su infraestructura y desarrollar los planes de mantenimiento y mejoras que le permitan funcionar de manera óptima cuando no llega la lluvia. Por último, pero no menos importante, tiene que atender sin tregua el tema de los salideros por los que se pierde la mitad del agua que produce.
Las lluvias de las pasadas dos semanas, aliviaron la presión sobre el embalse Carraízo, cuyos usuarios ya no están bajo plan de interrupciones, aunque La Plata, la otra gran fuente de almacenamiento de agua para la zona metropolitana, sigue en la categoría de “ajustes operacionales”. Sin embargo, dado el caso de que las sequías por El Niño y el cambio climático serán una realidad ineludible en nuestro Caribe de ahora en adelante, sería un error de la AAA recostarse en el alivio temporero para dejar para mañana lo que debería estar haciendo ya.
El país no espera, ni merece, otra cosa.

