La interrupción de labores que hace semanas aqueja a la Universidad de Puerto Rico (UPR), cuyos once recintos están hoy virtualmente paralizados, constituye la más reciente manifestación de la inestabilidad y crisis de recursos y gobernanza que hace más de una década aqueja al principal centro educativo del país y del que depende tanto de nuestro futuro como sociedad.
La crisis, en esta ocasión, es apuntalada, además, por la ausencia de confianza entre los actores universitarios, entiéndase la presidencia, los estudiantes, los profesores y demás componentes de la comunidad académica, a los que urgimos a deponer las armas y dialogar con ánimo desprendido para volver a echar a andar el proyecto de desarrollo social y económico más importante de nuestra historia.
En estos momentos, están en huelga indefinida los dos recintos más grandes e importantes de la UPR, Río Piedras y Mayagüez. Otros recintos, mientras tanto, han decretado paros con términos definidos. Acercándose en apenas unos días el fin del semestre, la solución del conflicto adquiere urgencia. Las autoridades universitarias han establecido ya la posibilidad de extender el semestre, si la huelga en Río Piedras y Mayagüez no termina en los próximos días.
No se puede entender el conflicto actual en la UPR sin examinar la figura de la presidenta, Zayira Jordán Conde, cuya renuncia es el principal reclamo de los estudiantes en paro. La presidenta, que no tenía vínculos anteriores con la UPR, fue designada en junio del año pasado contra la opinión de todos los organismos universitarios, los cuales no han cesado durante el pasado año de reclamar su dimisión o destitución.
En momentos en que le hubiera convenido continuar ganándose la confianza de la comunidad universitaria la presidenta, optó, en cambio, por todo lo contrario. En marzo, destituyó fulminantemente a cinco de los once rectores, incluidos algunos como Agustín Rullán, de Mayagüez y Angélica Varela, de Río Piedras, quienes gozaban del apoyo y respeto en sus respectivos recintos. Esa acción, que nunca había ocurrido en medio de un semestre, enrareció la atmósfera universitaria a un nivel que no ha podido ser superado.
Esta semana, la presidenta ha convocado a estudiantes a dialogar, se reunió con la gobernadora Jenniffer González para procurar más recursos para la universidad y solicitó una audiencia a la Junta de Supervisión Fiscal, que al final del día es el único ente que puede autorizar más fondos para la UPR. Los planes fiscales de la Junta para la UPR le han costado la mitad de su presupuesto durante la pasada década y son la principal causa de la enorme crisis de recursos que atraviesa la universidad.
Aplaudimos esas gestiones de la presidenta e invitamos a los concernidos a comprender que la UPR no tolera más recortes y, por el contrario, necesita mucho más de lo que ahora mismo tiene. Valoramos también el ánimo de continuar dialogando de la presidenta. Pero, le recordamos, a ella y a los demás, que el verdadero diálogo requiere apertura, respeto y consideración por las posturas de otros. Algunas expresiones de Jordán Conde invitando a los estudiantes a “abrir sus mentes” o a “dejarla trabajar” no abonan al clima necesario para el diálogo productivo.
La UPR, se ha dicho una y mil veces, y lo reiteramos aquí porque es absolutamente cierto, es el proyecto de movilización social más importante que hemos tenido en nuestra historia. Durante las últimas décadas, hemos perdido de perspectiva esa verdad tan absoluta y dejamos a la UPR caer en el mismo abandono que el resto del Estado. Salvarla no puede esperar a mañana.

