Editorial
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Lecciones de la tragedia en Villalba

25 de octubre de 2026 - 11:10 PM

El vil asesinato a tiros de una mujer mientras laboraba en una oficina médica en Villalba pone de relieve la importancia cardinal de que los centros de trabajo tengan protocolos de seguridad para proteger a sus empleados de la violencia de género y que la empleomanía esté plenamente adiestrada para manejar situaciones de esta naturaleza, que suelen surgir de manera súbita y violenta.

Los protocolos contra la violencia de género en los centros de trabajo no son opcionales: Desde 2006, es obligación legal prepararlos, divulgarlos, adiestrar a la fuerza laboral e incluso designar un coordinador que sea el encargado de ponerlo en vigor en caso de problemas. Los patronos que no cumplan con el protocolo se exponen a ser multados. De paso, se invita a toda persona que los lea y procure el cumplimiento con esta ley en su centro de trabajo.

La tragedia de Villalba acentúa la importancia de que existen estos protocolos y, además, que se le dé buen uso.

El lunes 19 de octubre, tan pronto abrió la oficina del doctor Francisco Méndez López, en el barrio Aceituna, de Villalba, Ángel Javier Colón Torres, de 61 años, se presentó al lugar y disparó contra Zulma Lee Negrón Torres, de 49 años, secretaria en el consultorio, con la que, según la Policía, había tenido una relación sentimental y la que, según amistades de ella, la acechaba. Acto seguido, el agresor se suicidó. Negrón Torres murió tres días después del ataque.

La administradora del consultorio dijo a un noticiero de televisión que la oficina tiene su protocolo contra la violencia de género, pero que Negrón Torres no había informado de la situación que atravesaba. “Si nos hubiese dicho eso, se mandaba a salir de la oficina para tomar medidas y activar el protocolo”, dijo la administradora al informativo.

La violencia contra la mujer, que hasta agosto de este año había desembocado en el asesinato de nueve mujeres a manos de hombres con los que tenían o habían tenido relaciones de pareja, es un tema extraordinariamente complejo que no tiene soluciones ni salidas fáciles o sencillas. Las víctimas a menudo viven en una especie de túnel que puede impedirles reconocer el patrón del que son víctimas; múltiples factores demasiado a menudo les impiden compartir lo que atraviesan con otras personas.

Corresponde, entonces, al resto de la sociedad, abrir los espacios y facilitar los procesos, para que las mujeres en esta situación se sientan en la confianza de hablar. Los protocolos en los centros de trabajo son un componente esencialísimo de esta lucha, que pueden salvar, y han salvado, múltiples vidas. Sin embargo tienen que publicarse de forma prominente, estudiarse y promocionarse, de manera que le sean familiares a quien necesite invocarlos.

La lucha contra el flagelo de la violencia de género, que tanto dolor y sufrimiento causa, es tarea de todos. En el caso de los patronos, su indispensable aportación es con protocolos que a la misma vez que redundan en la seguridad de la fuerza laboral, den a una víctima o potencial víctima el espacio y la confianza para compartir el peligro que pueda estar viviendo y salvar su vida.

Procuremos que así sea.

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