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Legislatura “intocable” e insensible con el pueblo

Ajena a las carencias y a los sacrificios del pueblo de Puerto Rico, la Asamblea Legislativa se presume intocable desde una burbuja de privilegios que se refleja en la cuantía exorbitante de los honorarios que devengan buena parte del personal y contratistas de la Cámara de Representantes.

Las nóminas legislativas, divulgadas solo porque el tribunal lo ordenó, muestran un sistema de remuneraciones excesivas que contrastan con el alto desempleo y los salarios limitados de muchos trabajadores de nuestro país. Este escenario vergonzoso habla del desdén y de la insensibilidad de los líderes de la Asamblea Legislativa, Carlos “Johnny” Méndez y Thomas Rivera Schatz, ante la desesperación que la crisis económica ha causado en el seno de muchísimas familias puertorriqueñas.

La información de las nóminas de la Cámara denota, como mínimo, negligencia presupuestaria, ya que destina tajadas extraordinarias al beneficio de un puñado de empleados. Méndez mostró una resistencia vergonzosa a revelar los datos, haciéndolo el viernes al límite del plazo establecido por la corte.

Causa gran indignación la pretensión de Méndez y Rivera Schatz de ignorar su responsabilidad de rendir cuentas para corresponder la confianza del electorado. Ha sido un abierto desafío a la transparencia que robustece las instituciones democráticas.

La nómina de la Cámara de Representantes en este cuatrienio contiene, entre otros datos insólitos, $12,500 mensuales para el exrepresentante José López Muñoz como asesor de Méndez, y $10,000 mensuales para la directora de la Oficina de Iniciativas Comunitarias y Base de Fe.

El desglose de puestos y retribuciones de la Cámara, correspondiente a los años fiscales 2013 a 2020, contiene decenas de sueldos de $8,000 mensuales para asesores, secretarias y otros empleados. Ciertos supervisados devengan más ingresos que sus legisladores jefes.

Al mantener nóminas excesivas, incluso para oficios y tareas de complejidad menor, e incurrir en favoritismo o nepotismo en la contratación de recursos y servicios, la legislatura ignora de forma reiterada las recomendaciones sobre el sano uso presupuestario. La irresponsabilidad de la gestión de Méndez y Rivera Schatz no solo contraviene las guías administrativas expuestas por la Junta de Supervisión Fiscal de cara a la crisis fiscal pública, sino que burla el sufrimiento de muchas familias puertorriqueñas.

La crisis por la emergencia del COVID-19, que ha dejado a miles de trabajadores sin empleo, no ha tocado a la legislatura ni siquiera durante el largo cierre gubernamental. En cambio, la mayor parte de los sectores económicos privados ha sufrido las consecuencias del cierre, al punto de que un número sustancial de negocios sucumbió al golpe. La tasa de desempleo es tristemente elocuente: 8.4% a septiembre de 2020, e incluye la pérdida de 66,800 empleos asalariados.

El alto costo de la nómina no se ha traducido en calidad legislativa. Por el contrario, esta Asamblea Legislativa se ha dedicado a legislar, de forma apresurada y en contra del mejor interés público, piezas de ley instrumentales en nuestra democracia. Es el caso del Código Civil y la ley electoral.

Las nóminas excesivas son golpes adicionales a la lesionada imagen de la institucionalidad pública, cuando más nuestro país necesita generar confianza para emprender su recuperación.

Las exorbitantes retribuciones legislativas superan escalas de retribución comparables del sector privado y obligan a la implantación, a nivel legislativo, de un sistema de honorarios basado en criterios de objetividad y uniformidad, y en el principio del mérito. La supervisión adecuada es también esencial para alcanzar eficiencia en la productividad y garantías de que los desembolsos públicos corresponden a trabajos de calidad.

Esta Asamblea Legislativa ha incurrido también en prácticas de empleados fantasmas y otros esquemas de corrupción por los que varios legisladores enfrentan cargos federales.

La confianza que el pueblo deposita en los líderes que elige cada cuatro años no es un cheque en blanco para ningún político, mucho menos para los que se creen intocables. En pocos días, los electores regresarán a las urnas, donde les espera la oportunidad de escoger a los líderes que realmente puedan edificar al nuevo Puerto Rico.

 

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