Entre las múltiples anécdotas que han circulado por décadas acerca del valor insuperable que el exgobernador Roberto Sánchez Vilella (1965-1968), atribuía a la ética en el servicio público, quizás ninguna es más reveladora que lo ocurrido en 1965, cuando pidió enmendar la nueva ley de pensiones a exgobernadores para que no le aplicara a él mismo.
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Urge rescatar la ética en el servicio público
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