Eduardo Lalo
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¿Cuántos ángeles caídos caben en la cabeza de un clavo de ataúd?

¿Pagar o no pagar? ¿Soltar o no soltar? ¿Llegarán o no las “ayudas” prometidas por el gobierno de la política Wanda Vázquez y las propuestas por el sistema federal que debe vehicular su administración? En otras ocasiones he afirmado que la tragedia puertorriqueña consiste en que cuando se llama a Washington nadie contesta, pero ahora parecería que no se llama o que de allá llaman cuando quieren, y aquí no se está claro si enviaron el correo electrónico o lo recibieron. En fin, que de un tiempo a esta parte la gente habla con la precisión del que no sabe por qué tuvo que gastar 38 millones de dólares en algo que no sirve. 

Resulta curiosa la concepción que este gobierno tiene de una emergencia. Ya lo vimos a comienzos del año cuando el sudoeste del país continuaba temblando luego de ser abatido por un terremoto. Cuando docenas de familias no podían ni entrar a buscar una pieza de ropa en sus casas, y vivían y dormían a la intemperie, lo más indicado era acudir junto a una claque del partido y un buen fotógrafo, a inspeccionar las grietas en una columna de cemento, como hizo la política Vázquez acompañada por la política Jenniffer González y algunos políticos con oficina, chófer y parking gratis en el Capitolio.

En estos días, se volvía a ventilar la gracia de la política Evelyn Vázquez, que detuvo la repartición de un camión de suministros en lo que ella se duchaba, vestía y maquillaba, congregaba a su hueste, esperaba a que el sol bajara y la tarde refrescara y la luz fuera más propicia para estetizar la entrega de una bolsa de suministros.

Ante un photo opportunity cualquier emergencia puede esperar. Y la espera, la dura, la desquiciante, la que en sus primeras etapas hierve las vísceras para luego freírlas, la que equivale a chocar con una pared, la que luego progresivamente va atontando hasta la indiferencia, la incomprensión, el sinsentido, el absurdo, y desemboca en la especulación de las causas de la incompetencia, la demencia y la maldad, es lo que la política Wanda Vázquez y los políticos que dirigen sus agencias gubernamentales saben hacer tan bien.

¡Cuánto ha tenido que hablar, que explicar, que aclarar, demostrar, desembrollar, esclarecer, interpretar, argüir, elucidar y justificar la política que se sienta en la oficina principal del edificio del Departamento del Trabajo! Y ya que hablo de un Departamento, por qué no hablar de otro, pues son casi intercambiables por iguales, semejantes, análogos y parecidos, por equivalentes, homogéneos y gemelos, y no recordar en tiempos de esta pandemia pacífica, relajante, desahogante y agorafóbica las lecciones de geografía médica de los políticos que dirigían no hace mucho, en su etapa de prevención e inanición, el Departamento de Salud.

Según dicen, el dinero está y ya llegó el que tanto esperan y el que tenía que llegar, según la política bipartita del territorio no incorporado, sito en las escalinatas de la iglesia congresional del pordioserismo local, donde la pareja pedigüeña de ELA-sin-piernas y Estadidad-la-cieguita pierden una década tras otra, hundiéndose en la satisfacción de ver crecer los índices de pobreza del país, que después de todo es lo único que crece porque de los tucos del ELA no vuelven a salir piernas y de las cuencas vacías de Estadidad-la-cieguita no saldrán ojos, pero por si acaso, es mejor impedir que liberar, ella se mantiene con las gríngolas puestas.

Dicen que el número de machacantes vino envuelto en papel de regalo, pero inexplicablemente el gobierno de la política Wanda Vázquez lo está usando como miel en casa del ahogado, guardándolo en uno o varios bancos y si te he visto no me acuerdo. Afuera, en la encendida y desértica calle antillana, lejos del salón de los espejos y de la trastienda de restaurante italiano con escalinata, columnas, cúpula y la concentración mayor del país de chóferes y ayudantes abre-puertas, ya no se sabe cuándo se recibió el último cheque quincenal y se comprueba que Dios (y el encierro) aprietan pero ahogan.

Dicen que la duda es la madre de la inteligencia, por eso nunca ha votado ni por los rojos ni por los azules, ni nunca ha considerado juntarse ni romántica ni políticamente con Corazón-del-rollo ni con Rajadura-de-papeleta, y, en mal español, habiendo habido recientemente tanta predisposición a la generosidad, de los múltiples y polivalentes y siniestros gobernadores de la patria territorio no incorporado eterno de América, a desprenderse de cantidades millonarias en contrataciones firmadas con rúbricas de alquiler y nombres que no suenen a trigueñitos latinos, uno y la duda madre de la inteligencia pensamos que los hijos de Corazón-del-rollo y Rajadura-de-papeleta podrían llamarse Cría-cuervos-que-ellos-se-juntan o Alí-Babá-y-sus-cuarenta-bipartitas.

La duda es como ciertos virus: una vez entran en uno no salen, una vez prenden el motor en la chola no se apagan y la duda, que no es una enfermedad, es la única cosa en la vida que merece contagio. Lástima que el Departamento de Educación invierta tantos millones en mascarillas y mind-sanitizers, y tenga tanto éxito enseñando a no leer, escribir y pensar. Pero la duda, que es la madre y el padre de la inteligencia, debe orientar el foco que es un haz de luz en las tinieblas de nuestra política, hacia esa reticencia, ese como ya-mismo-pero-ahora-no, ese ahorita, ese en-cinco-minutos, esa espera-del-reintegro en que se han convertido los fondos extraordinarios para remediar la inminencia del hambre y la desposesión en esta emergencia. Es como si en la mente de la política Wanda Vázquez se estuviera a punto de decidir cuál sería el sujeto en la oración: Wanda dar dinero al necesitado o Dinero de necesitado dar a misterioso misterio.

He aquí el apocalipsis del bien común: la existencia de la mera duda de esta posibilidad.  En esta espera atroz, es en esta disyuntiva, con esa pregunta en los labios, que nos encontramos millares incontables de puertorriqueños en esta hora amarga. 

La capacidad de emitir una sola oración completa y con sentido, honesta y responsable, es lo que hemos visto que este gobierno es incapaz de hacer. Y esta incapacidad atraviesa la gestión en La Fortaleza de tres políticos: Rosselló, Pierluisi, Vázquez durante este cuatrienio grotesco e infame. Toda separación entre ellos equivale a determinar cuántos ángeles caídos caben en la cabeza de un clavo de ataúd.

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