Tatiana Pérez Rivera

Mañana es hoy

Por Tatiana Pérez Rivera
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Volveremos a besarnos

Volveremos a besarnos. Desconozco si lo afirmo o lo pregunto porque el contacto físico entre humanos vuelve a ser castigado por un virus que solo parece librar de sus horribles efectos a quienes tocan lo seguro, que hoy significa la persona que lleva catorce días junto a ti porque reduces las probabilidades de que el coronavirus ande de paseo por su cuerpo. 

Todo luce demasiado similar a la época en que el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) llegó a nuestras vidas en la década de los 80, para después convertirse en epidemia en los 90: la falta de conocimiento sobre su comportamiento, la desinformación sobre sus formas de contagio, las altas cifras de decesos, las pocas pruebas para detectar a los portadores silenciosos, la ausencia de una vacuna o tratamiento efectivo. Y la mirada sospechosa ante cualquiera que se acerque. Conocido o desconocido.

Otra vez el contacto físico es la causa del mal y provoca la misma desconfianza frente al otro. El recelo ante la enfermedad buscará alcanzarte cada vez que te atraiga alguien, apaciguará hormonas e instintos como ducha de agua fría. 

A las parejas estables con firme acuerdo de monogamia solo debe preocuparles que la otra mitad no ande repartiendo besos y fluidos poco inocentes. A los solteros se les puso la cosa difícil, no importa la edad. ¿Serológica o molecular?, preguntarás cuando tantees su salud. El manual de la primera cita cambió de nuevo.

Lydia Bourouiba, científica de Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT), comprobó que las gotitas repletas del virus pueden superar los ocho metros de distancia cuando estornudamos. Para mayor puntería, un beso.

Científicos de la Universidad de Harvard se tomaron el tiempo de indagar en las formas de sexo seguro cuando juegas a la ruleta rusa o cuando no sabes si tú o tu acompañante portan el COVID-19. El panorama no es muy alentador. En un extremo está la abstinencia, calificada como actividad de bajo riesgo, seguida por la masturbación y el sexo virtual, porque andamos en oda a la vivencia solitaria. En el otro está el sexo como hasta ahora lo conocemos, calificado experiencia de alto riesgo. Los por qué sobran.  

En medio quedan todas las formas de bailar con el riesgo. Si además de reuniones y clases tendrás sexo presencial, el estudio exhorta a que uses preservativo, mascarilla -en la boca, por favor- y a que luego desinfectes con alcohol y jabón el área donde te desahogaste como en los buenos viejos tiempos. Si sobreviviste el COVID-19, abstente de toda actividad sexual por 30 días ya que se identificó el virus en el semen. 

Caminamos con los ojos vendados. Cuidado que no tropieces.


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