Esther Vicente

Punto de vista

Por Esther Vicente
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8M Día de denuncias y protestas

El 8 de marzo habrá manifestaciones y actos de denuncia por dondequiera. ¿Por qué protestamos? Por muchísimas razones, entre otras:

el anuncio del Senado de Puerto Rico de que está a punto de aprobar un proyecto de reforma del Código Civil que reconocería derechos al no-nacido en detrimento del derecho de las mujeres a tomar decisiones sobre su capacidad reproductiva.

Una propuesta de Código Civil que con subterfugios limitaría el acceso a la vivienda familiar y a una pensión compensatoria tras un divorcio.

Propuestas de legislación que eliminarían el acceso de las mujeres a servicios de salud sexual y reproductiva al imponer requisitos extravagantes y costosos a los médicos y las clínicas que los proveen.

Un gobierno renuente a reconocer a las mujeres trans, negándoles la posibilidad de cambiar el certificado de nacimiento de forma adecuada, abonando así al discrimen, a la transfobia, a la violencia y a la muerte.

Un estado que incumple con su deber de prestar la debida diligencia en la intervención y prevención de la violencia de género, lo que nos priva del derecho a una vida digna.

Cada semana asesinatos de mujeres, agresiones sexuales sin atención por las autoridades, órdenes de protección denegadas a tutiplén o inservibles por la falta de notificación adecuada o de intervención ante el incumplimiento.

Niñas y niños sin acceso a la educación, con las escuelas cerradas o tomando clases en carpas bajo el sol, la lluvia y sin los aditamentos o espacios necesarios para el aprendizaje.

Ningún compromiso con la atención de las personas con necesidades especiales por motivos de diversidad funcional.

Recortes constantes a los programas que proveen servicios esenciales que tienen un impacto sobre las necesidades básicas de alimentación, vivienda adecuada, salud y educación de las familias y muy particularmente de las niñas y mujeres.

Encarecimiento de todo y reducción o estancamiento de la compensación por el trabajo con el consecuente empobrecimiento de las familias, especialmente las lideradas por mujeres.

Aumento de la carga impuesta sobre los hombros de las mujeres por la provisión sin compensación de cuidados a la niñez, los adultos mayores, las personas enfermas y a las familias.

Limitaciones del acceso de las mujeres a los trabajos mejor remunerados y a la compensación equitativa, a pesar de nuestros probados esfuerzos en los centros de trabajo y en el campo de los estudios académicos avanzados.

Determinaciones de los tribunales supremos limitativas de derechos que se han adquirido tras arduas luchas en las áreas de derechos reproductivos, bienes de la pareja, hostigamiento y discrimen.

Actitudes, chistecitos, comentarios, prácticas discriminatorias generalizadas contra las mujeres adultas mayores en desconocimientode nuestras aportaciones al país, a las empresas para las que trabajamos y a nuestras familias.

En fin, una carencia de respeto hacia las mujeres de todas las edades, razas, sexualidades, clases sociales, capacidades y de diversas experiencias de vida.

Por esto y más, no festejamos el 8 de marzo, denunciamos la inequidad, la impunidad y la cultura de violencia machista institucional, social y personal que estas alimentan. 

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