Sergio Marxuach

Punto de vista

Por Sergio Marxuach
💬

Caminando entre neblina

No envidio a las personas responsables de hacer las proyecciones económicas a cinco años para la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (“AAFAF”) y la Junta de Supervisión Fiscal (“JSF”). Dado el nivel de incertidumbre actual hacer ese ejercicio con un grado mínimo de precisión es básicamente imposible. Además, no existe modelo macroeconómico que pueda estimar con certeza el impacto económico de la concatenación de eventos recientes: la quiebra del gobierno, los huracanes de 2017, los terremotos y la pandemia de COVID-19, ni proyectar los efectos de esos eventos durante los próximos cinco años. Pero, a los seres humanos nos gusta pretender que mientras más conocimiento tenemos, más control del futuro tendremos. Eso es una ilusión, claro, como nos advierte Mark Lilla, profesor de ciencias políticas en Columbia, porque “en realidad siempre estamos entre la neblina, golpeando el pavimento con nuestros bastones”.

La ley Promesa, sin embargo, requiere que se prepare un plan fiscal a cinco años, no solo para que sirva de zapata para el presupuesto anual, sino también para preparar el Plan de Ajuste para negociarse con los acreedores. Así que salimos a la calle a tantear con nuestros bastones, a ver qué encontramos. El equipo económico de AAFAF estima que la economía se contraerá por 3.6% y 7.8% durante los años fiscales 2020 y 2021 y repuntará en el 2022 con un crecimiento de 1.5%. Mientras los peritos de la JSF, proyectan una contracción de 4% en el 2020, un repunte modesto de positivo 0.5% en el 2021 y una contracción de 1.5% en el 2022. Las diferencias son grandes y significativas.

Y esto no es un mero ejercicio académico. El Plan Fiscal certificado tendrá repercusiones en la vida de todos. Por ejemplo, aunque la JSF pospone la continuación de la consolidación fiscal por un año, el Plan certificado proyecta un aumento en los recaudos de $2,232 millones y recortes de gastos de $6,202 millones durante los próximos cinco años fiscales (Exhibits 137 y 138). Esa contracción fiscal de $8,400 millones es equivalente al 11.8% del PNB, una dosis alta de austeridad, aún sin tomar en cuenta el efecto multiplicador negativo en la economía. También debemos preguntarnos si esa postura fiscal contraccionaria es la adecuada, cuando la propia JSF estima que la tasa de desempleo se mantendrá en exceso de 15% por lo menos hasta junio de 2021 (Exhibit 7).

En términos del pago de la deuda, la pregunta importante que debemos hacernos es si el gobierno de Puerto Rico se encuentra en estos momentos en la posición de comprometerse de buena fe a pagar X millones anuales en el servicio de una deuda restructurada por 30 años, conociendo el margen de error de las proyecciones económicas y financieras. Creo que no. Ahora bien, extender el proceso de quiebra por dos o tres años adicionales tampoco es una opción. Mientras más se tarde Puerto Rico en salir de la quiebra más difícil será atraer la inversión necesaria para restaurar el crecimiento a largo plazo.

Es por eso que hacemos dos propuestas de política pública para adelantar el proceso aún con la gran incertidumbre que existe.

La primera es la implementación de una regla fiscal para Puerto Rico, según propusimos en el 2016. Una regla fiscal bien diseñada establece un objetivo numérico claro y fácil de verificar para el gasto público, toma en consideración la naturaleza cíclica de los ingresos gubernamentales y provee para la sustentabilidad de la deuda pública a largo plazo.

Por lo tanto, proponemos la siguiente regla fiscal para Puerto Rico: el gasto anual del fondo general no excederá (1) el ingreso gubernamental cíclicamente ajustado, según determinado por un panel independiente de economistas profesionales y otros expertos en política fiscal, menos (2) un pequeño sobrante estructural. El gasto del gobierno, por definición, se limitaría a su ingreso estructural, menos la cantidad del superávit que se estime adecuada. Por tanto, se eliminan los aumentos masivos en el gasto cuando la economía está boyante y las reducciones drásticas en el gasto cuando la economía entra en recesión.

La segunda propuesta, consiste en emitir bonos cuyo repago consista de dos componentes (1) un pago anual fijo relativamente bajo y (2) un pago variable o contingente en la tasa de crecimiento económico.

La parte variable del pago anual fluctuaría proporcionalmente, de acuerdo con una fórmula matemática pre-establecida, con el crecimiento nominal del PNB. Estos bonos ayudarían a estabilizar las finanzas de Puerto Rico y limitarían las presiones fiscales al reducir el servicio de la deuda en épocas cuando el crecimiento económico sea lento o negativo y proveerían espacio fiscal para aumentar los gastos o reducir los impuestos, de acuerdo con la regla fiscal, cuando el PNB crezca rápidamente.

En estos momentos de gran incertidumbre un Plan Fiscal a cinco años no sirve de mucho. Y no es porque no estén bien preparados, nuestra intención no es criticar a la AAFAF o la JSF. Simplemente, los eventos se encargarán de hacerlo inservible en seis meses. Tampoco es factible hacer de buena fe una oferta de un pago fijo a los bonistas por los próximos treinta años, sabiendo que probablemente no podremos cumplir con los términos y condiciones de los bonos restructurados.

Por otro lado, el proceso de Titulo III no puede prolongarse indefinidamente, ya que eso afectaría también el crecimiento económico. Por tanto, es necesario buscar soluciones creativas que nos ayuden a reducir la incertidumbre, balancear el presupuesto, cumplir con los términos de una restructuración de la deuda del gobierno central y crecer la economía de manera sostenible. Una regla fiscal y los bonos indexados al PNB cumplen con esos criterios. Dos propuestas que nos ayudarían a movernos de la coyuntura actual, aunque sea poco a poco, “golpeando el pavimento con nuestros bastones” mientras avanzamos.


Otras columnas de Sergio Marxuach

domingo, 21 de junio de 2020

Incertidumbre y turbulencia económica

Puerto Rico tiene la fórmula perfecta para el fracaso: crisis económica, dependencia en las importaciones y un sistema de salud deficiente; sin embargo, aunque las opciones para un cambio son pocas, sí hay alternativas, solo hay que saber elegirlas bien, señala Sergio Marxuach

domingo, 10 de mayo de 2020

Asuntos pendientes

En medio de la pandemia, el gobierno aún tiene una larga lista de asuntos pendientes que debe atender con premura por el bien económico del país

domingo, 8 de marzo de 2020

Algo que funciona bien

El Negociado de Energía debe ser fortalecido para que continúe operando como un ente independiente que regule el mercado de electricidad de una manera objetiva