Eduardo A. Bhatia
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Carta abierta a Wanda Vázquez Garced

Estimada señora Gobernadora: la peor crisis que afecta a Puerto Rico es la falta de credibilidad de sus gobernantes y la confianza en ellos. Dicha crisis es más grave y más profunda que la quiebra, que los efectos del huracán María y que la pandemia por el Coronavirus. Ninguna sociedad del mundo ha podido levantarse y enfrentar los retos grandes de política pública sin credibilidad y confianza.

El gobierno que usted heredó de Ricardo Rosselló tenía un problema de credibilidad enorme, dentro y fuera de Puerto Rico. La gente seria no le creía porque mentían. El gobernador y sus ayudantes dedicaban horas diarias y muchos recursos del gobierno a “spin the truth” que no es otra cosa que girar la verdad: inventar cuentos y convencer a influyentes comunicadores para que sirvieran de portavoces del mensaje oficialista errado. El pueblo vio lo que pasaba, y en un acto sin precedentes exigió la remoción del primer ejecutivo en el verano del 2019.

Fuera de la isla innumerables congresistas y agencias del gobierno federal manifestaban lo mismo: su malestar con esa administración. Y actuaron basado en esa desconfianza. Le pusieron severas condiciones al desembolso de fondos federales hasta que no hubiera garantías de honestidad. El presidente Trump nombró un coordinador adicional para atender a Puerto Rico porque el gobierno federal se cansó del truco, la mentira, el fraude y las medias verdades.

Y no es para menos. Hechos constatables evidencian que, tras el huracán María, el director de la AEE, Ricardo Ramos, contrató a Whitefish, una compañía sin la capacidad para levantar el sistema eléctrico de Puerto Rico mediante un contrato de más de $300 millones. Cuestionado sobre el contrato, Ramos contestó que “de arriba” le habían dado instrucciones. Meses después Teresita Fuentes renunció a la Secretaría de Hacienda cuando observó que había un patrón de presiones externas “de arriba” para cuadrar deudas. Después, Raúl Maldonado dijo públicamente que en el Departamento de Hacienda se vivía una “mafia institucional”. En esencia que “de arriba” le daban instrucciones sobre contribuyentes. A Angie Ávila la arrestaron como directora de ASES porque recibía presiones “de arriba” para contrataciones con el plan de salud a donantes del PNP. La secretaria Tania Vázquez salió del Departamento de Recursos Naturales cuando se publicó evidencia de presiones “de arriba” para otorgar permisos. Lo mismo pasó con la titular de la Familia, Glorimar Andújar, que fue removida por no seguir presiones políticas “de arriba” para distribuir suministros tras los terremotos. Finalmente, la secretaria de Salud, Concepción Quiñones de Longo renunció por no querer aceptar presiones “de arriba”, en este caso de la oficina suya en La Fortaleza.

Le tocó a usted ser la primera sucesora no electa en la posición de primer ejecutivo de Puerto Rico. Mucha gente -y me incluyo- pensamos que usted establecería una agenda para corregir ese nefasto rumbo por el queiba el gobierno. Que su norte y el de su gobierno serían restaurar confianza, credibilidad y devolverle la paz a la gente que lo mínimo que esperan de sus gobernantes es que no se dediquen a robar y mentirles. Honestamente, la gente está harta de dedicarle tantas horas del día a descifrar cada maroma, cada entuerto y cada historia que el gobierno de Puerto Rico se inventa a diario. Y hubo algo de optimismo con su llegada. Me equivoqué y nos equivocamos.

El proceso de compras de su gobierno de las pruebas para identificar la presencia del COVID-19 es un ejemplo doloroso, crudo y decepcionante que no ha cambiado nada. Su gobierno otorga un contrato millonario a una compañía de construcción sin experiencia alguna en el campo de la salud -pero donante del Partido Nuevo Progresista-, sin el aval de la FDA y a sobreprecio. Todo apunta que es el FBI por aviso de Oriental Bank quien detiene la transacción y salva a Puerto Rico de otro acto descarado de corrupción y robo. En el proceso usted ha defendido a brazo partido la transacción y sigue diciendo -de forma falsa- que se detuvo el contrato porque se atrasó.

El resultado de todo esto es que al igual que ocurrió después de María, aquí puede morir más gente por negligencia del gobierno que por la pandemia. Dos semanas después de que tuvieran que estar aquí las pruebas no llegaron. Hoy, Puerto Rico tiene la cuarentena más estricta y más larga en los Estados Unidos, pero la menor cantidad de pruebas. Eso es inaceptable.

Necesitamos liderato honesto. Que diga la verdad. Que demuestre integridad y no manipule a la gente. Que no distorsione los hechos. Eso salva vidas.

Puerto Rico no aguanta más.

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