Zoé Laboy Alvarado
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Con Kavanaugh, la confianza ciudadana está en vilo

Las personas que han seguido mi trayectoria saben que soy fiel propulsora de la mujer y que he defendido férreamente nuestro derecho a ser tratadas con respeto, justicia y equidad. Sin embargo, esa no es la única razón que me lleva a sostener que el nombramiento de Brett Kavanaugh como juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos (SCOTUS) es una verdadera tragedia para todas y todos.

Una “limitada” investigación del Negociado Federal de Investigaciones (FBI) concluyó que no hubo nada impropio en la conducta del juez contra quien varias mujeres presentaron alegaciones de abuso sexual. Independientemente de ese resultado y de la burla del presidente Trump a una de las alegadas víctimas, que no se les olvide a las y los que defienden a este ultraconservador republicano, que lo que sí dejó demostrado Kavanaugh durante el proceso es que no cuenta con el carácter para ocupar una de las posiciones más altas del sistema de justicia de la nación Americana.

Son hay nueve sillas en tan importante foro, desde el cual se toman decisiones que nos afectan a todas y todos. Decisiones que impactan los derechos más fundamentales contenidos en la Constitución y las leyes.

¿No debemos entonces aspirar y exigir que el estándar para ocupar una de esas sillas sea uno de los más rigurosos? La honestidad, la transparencia, la verticalidad y el temple, no deberían ser aspectos dudosos en una candidata o un candidato a dicho cuerpo. Más bien, deben ser virtudes incuestionables.

Los jueces y juezas, particularmente en el SCOTUS, deben ser personas de excelente reputación y con el temperamento adecuado para comportarse en todo momento en forma intachable, generando confianza en el pueblo por su independencia, ética, integridad e imparcialidad. ¿Verdaderamente son estas cualidades las que inspira el juez Kavanaugh?

El Senado de los Estados Unidos ha cometido un grave error al confirmarlo. Sobre todo, al ser un puesto sobre el que las y los ciudadanos no tendrán el beneficio de pasar juicio y determinar si lo eligen o no para continuar.  Se trata de un cargo vitalicio.

Decisiones como esta, guiadas por intereses políticos por encima del interés público, provocan que la confianza ciudadana en sus instituciones esté en vilo.

Ya hay demasiadas personas que piensan que las ramas Ejecutiva y Legislativa no les representan. Sería desafortunado que también pierdan la confianza en los tribunales.

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