


En septiembre de 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército de la Alemania nazi y sus aliados cercaron y asediaron la ciudad soviética de Leningrado (hoy día San Petersburgo). La ofensiva duró 872 días. Tuvo el propósito de lograr la rendición u obliteración de la ciudad. Debido a que sus habitantes no se rindieron, el cerco a la ciudad trajo como consecuencia la muerte por hambruna de miles de sus habitantes que además tenían que luchar con las temperaturas heladas. Ya para enero de 1942 aparecían registrados cerca de 100,000 personas fallecidas, muchas morían en las calles de hambre y frío. De hecho, más de un millón de personas murieron por las condiciones infrahumanas del asedio, la gran mayoría civiles. El historiador Michael Jones en su libro Leningrad: State of Siege detalla la enorme resistencia y resiliencia de la población, la cual sobrevivió sin servicios básicos, temperaturas heladas, con 250 calorías de comida al día y con un trayecto largo de casi 900 días sin ver luz en el camino.

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