Milagros Rivera Watterson
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Digamos sí a la esperanza

En estos tiempos tan difíciles que hemos estado enfrentando en el país, recuerdo una frase que repetía mi abuela: “la esperanza es lo último que se pierde”. Si hacemos una búsqueda del significado de la esperanza, el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) indica que es “estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea”. Así que, si como ejemplo, usted creía que el llamado potencial ciclón tropical que nos amenazó esta semana no se iba a convertir en tormenta, es porque tenía la esperanza.

La esperanza también es una virtud y está ligada a la fe. Si su esperanza de que Isaías no nos afectara adversamente no se cumplió, no pierda la esperanza. Muchos dirán que como no era una gran tormenta ni se convirtió en huracán, no salimos mal. Otros dirán, pudo haber sido peor. Los que piensan así mantienen su esperanza.

La realidad es que los acontecimientos que hemos estado enfrentando en el país desde el año 2017 con los huracanes Irma y María, los terremotos, la pandemia del COVID-19 y más recientemente la tormenta Isaías, nos han afectado duramente. Ese efecto no solo ha sido solo socioeconómico, sino también en el ámbito psicológico. Así, no acabamos de recuperarnos de una tragedia y enfrentamos otra. Mucha gente diría que estamos recibiendo golpe sobre golpe, lo cual es un factor determinante en la pérdida de la fe individual y el mantenimiento de la esperanza.

La pandemia del COVID-19 nos ha traído una cuarentena que por su duración nos ha parecido eterna, unida al toque de queda y el seguimiento de todas las medidas de prevención como lo son el distanciamiento físico que tanto nos duele, el uso de mascarillas y otras medidas. Todo esto ha dislocado nuestro mundo, nuestras relaciones sociales y familiares. También ha causado mucho miedo y hemos visto afectadas esas relaciones sociales y familiares que son tan necesarias para mantener una estabilidad emocional y un balance personal que mantenga nuestra calidad de vida.

Ante esta realidad urge que mantengamos la esperanza, pero que la alimentemos con acciones individuales. En tiempos difíciles es cuando más falta nos hace mantener un equilibrio en nuestra vida que nos ayude a lograr una estabilidad emocional. Recomiendo que para lograrlo hagamos lo siguiente:

- Manténgase atento a lo que acontece en el país siguiendo lo que informan los medios de comunicación, sin sobreexponerse, ya que recarga su ánimo y esto puede llevarlo a manifestaciones de angustia, ansiedad, tristeza y hasta depresión.

- No se deje llevar por rumores. Asegúrese de obtener información de fuentes fidedignas.

- No se exija demasiado a sí mismo, porque debemos aceptar que nadie es perfecto y que todos cometemos errores. Lo importante es no volverlos a repetir y aprender de ellos.

- Reevalúe cómo está relacionándose con los demás. Tenemos que descubrir y aceptar que hay nuevas formas de establecer y mantener relaciones sociales saludables. El distanciamiento físico no tiene que conllevar un distanciamiento social.

- No sea agorero del desastre. Nuestros pensamientos, tanto negativos como positivos, se convierten en acciones. Si parte de la premisa de que todo va a salir mal, así será.

- Desarrolle un balance entre el pasado, el presente y el futuro.

- No puede cambiar lo que pasó y el futuro no ha llegado. Enfóquese en el aquí y el ahora, pero sin olvidar lo que aprendió del pasado y planificar para el futuro.

- Aprenda a disfrutar de las cosas sencillas y mantenga contacto con la naturaleza.

- Ejercítese de acuerdo a su edad y estado de salud.

- Establezca y siga una rutina. Si está en su casa no se quede en ropa de dormir todo el día y haga actividades que lo entretengan o con las cuales se sienta útil.

Además de seguir algunas de estas recomendaciones, de acuerdo a sus circunstancias, le recuerdo que los cambios en su vida dependen grandemente de usted mismo, de sus actitudes, de sus pensamientos y la disponibilidad y deseos de cambiar. Nadie puede hacerlo por usted. Lo invito a decirle sí a la esperanza.

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