Mayra Montero

Punto de vista

Por Mayra Montero
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Doña Plinia salta por la ventana de Pridco

La cosa funciona así. Usted compra un celular de esos de quita y pon en el supermercado. Llama a la Compañía de Fomento Industrial (Pridco) y le dice al que conteste —eso es lo de menos, todos gozan de gran autoridad— que tiene un boleto del Powerball premiado con cuatro millones de dólares. Que no lo puede cambiar personalmente porque tiene coronavirus o cualquier cosa, y debe enviar a su abuelita. Pero que a la abuelita la pueden asaltar cuando salga de la Lotería. ¿Sería posible que Pridco le hiciera el favor de transferirle tres millones, y él a cambio les cede un millón, evitando así que su abuelita tenga que llevar billetes de un lado para otro?

En Pridco, donde parece que son muy serviciales (y muy golosos), le dicen que cómo no. Así que cuando llega la abuelita, que puede ser algo parecido al personaje Plinia Palerm, que interpreta Raymond Arrieta, la llevan al salón de conferencias, ella entrega el boleto “premiado” y pide que le hagan urgentemente el depósito, pues su nieto se ha quedado con fiebre. En Pridco, sin verificar nada, corren a hacer la transferencia. La viejita anuncia entonces que va al baño y salta por la ventana. Esos minutos, qué digo minutos, segundos en que el depósito entra brevemente a una cuenta fantasma, bastan para que los tres millones de Fomento Económico desaparezcan. La viejita ha dejado la peluca en el baño.

A todas estas, en medio de este escándalo, hay un punto que me preocupa, ¿ya lo supo el contralmirante Peter Brown? ¿Quién es el encargado de informarle?

Esas noticias no se le dan así como así a un hombre que tiene agallas acumuladas en décadas de vigilancia costanera y seguridad nacional. Le puede dar algo.

El que vaya a contarle que en una agencia de este gobierno quebrado han desaparecido casi tres millones de dólares bajo la premisa del “pescaíto”, tiene que hacerlo de esta forma: solicita audiencia, entra en la oficina del contralmirante, le pide que se siente, se lleva la mano a la sien en respetuoso saludo militar y lo suelta de la única manera en que se sueltan trágicas idioteces: nos tumbaron tres millones.

Ya saben como son los contralmirantes. Cara hierática. Labios apretados. Ojos chispeantes antes de la explosión.

Lo que sí hubiera dado cualquier cosa por ver por un huequito, es la escena verídica que tuvo lugar en el cuartel Hato Rey Oeste, cuando llegó el director de Finanzas de Pridco, llamado Rubén Rivera López, fue derecho donde el retén y le dijo: “Mire, que vengo a denunciar que hace un mes me robaron tres millones, para ser exactos, $2.6 millones que se depositaron en una cuenta falsa”. 

El retén, que no tiene la sangre fría del contralmirante Brown, seguro que profirió una palabrota y exclamó:

“¿Y cómo es eso que lo viene a denunciar ahora? ¡Un mes después!”

Llama al sargento, al capitán, a un agente encubierto que de casualidad pasaba por allí. El cuartel Hato Rey Oeste es un hervidero acostumbrado a ver cosas terribles, pero esto sí no lo habían visto nunca.

Le dan un formulario al Director de Finanzas de Pridco:

“Tenga, buen hombre, vaya poniendo ahí sus datos… ¿Usted dice que trabaja en dónde?”.

No se lo creen. Es que nadie se lo puede creer.









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