Gustavo G. Cortina Rodríguez
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El COVID-19 y nuestra población con impedimentos

La pandemia por el COVID-19 ha alterado muchos aspectos de nuestra vida, pero sus impactos son especialmente agudos para las personas con impedimentos. Esta población se enfrenta con varios desafíos, como la búsqueda de personal capacitado para una atención confiable en sus hogares y las barreras que pueden existir en las medidas de prevención y protección para combatir el virus. 

Constantemente, cuando pensamos en impedimentos nos llegan a la mente las limitaciones físicas. Pero esa no es la realidad, ya que esas limitaciones también pueden ser emocionales y sociales. Para las personas con impedimentos, se aplican todos los desafíos generales que trae la pandemia por COVID-19, pero además, otras barreras adicionales. Entre ellas podemos mencionar la comunicación. 

Obtener información puede ser más difícil para las personas con impedimento visual, auditivo o cognitivo, ya que las fuentes noticiosas pueden no estar preparadas para esta población y especialmente cuando la información cambia continuamente. A esto podemos añadir que el uso de mascarillas en los intérpretes de lenguaje de señas limita el entendimiento. Esto ya se ha ido resolviendo poco a poco. En esta emergencia mundial, mantener a todos informados es clave para la respuesta de salud pública, pero la información no siempre es accesible para esta población marginada. 

Otra de las barreras encontradas en esta población podría ser el cumplimiento con las estrategias de salud pública recomendadas, como el distanciamiento físico y el lavado de manos. Por ejemplo, el lavado frecuente de manos no siempre es factible para personas con ciertos tipos de impedimentos físicos. Como profesional de la salud conozco el valor y la importancia de estas estrategias, pero las políticas de salud pública frecuentemente no toman a esta población en consideración. Continuando en esa línea de política pública, se deben comenzar a replantear las mismas y trabajar multisectorialmente para la inclusión y sensibilidad a esta población. Además, desde hace años, muchas personas a nivel mundial han abogado para que se incluya a los cuidadores dentro de los cambios a una mejor calidad de vida de nuestras personas con limitaciones y ancianos. 

Otro factor es la accesibilidad a las pruebas. No todas las personas con impedimentos tienen la capacidad de llegar a un laboratorio u hospital para hacerse la prueba. Además, se ha visto en varios países que familiares han optado por no ayudarles por el temor a contraer la infección viral. También hemos podido leer y observar en noticias quejas de esta población en Puerto Rico y en otros países. Por ejemplo, en lugares donde no se aplanó la curva a tiempo, hubo trato discriminatorio por limitaciones físicas para recibir atención médica. Esto se ve constantemente a través de los años. Se visualiza a estas personas con una vida fuera de los parámetros de la normalidad y ellos se tienen que ajustar a su condición, en vez de nosotros buscar la forma de darle visibilidad, voz y ayuda constante.

A pesar de la difícil situación, creo que también puede ser punto de partida para nuevas modalidades y accesibilidad de servicios a la población con impedimentos, que antes no se tomaban en consideración. La telemedicina puede incluirse en los procesos más básicos de intervención y desarrollar política pública para poder tener los recursos disponibles a través de las leyes que protegen a las personas con impedimentos. Estas intervenciones, por supuesto, deben cumplir con los parámetros necesarios para atender, por ejemplo, a la población ciega y sorda. Esto es una situación que merece seriedad y premura para poder mirarnos en una línea horizontal, porque a fin de cuentas todos y todas somos seres humanos. De esta forma, se abre una ventana a la inclusión y la equidad en nuestro país.


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