Eneida Torres de Durand

Punto de vista

Por Eneida Torres de Durand
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El mapa de ruta

Los asuntos apremiantes que tenemos que atender como colectivo exigen de ciudadanos informados y gobiernos competentes capaces de actuar, producir y reconstruir el País. Para lograrlo es necesario mejorar la calidad de la gobernanza y romper con la crisis de opacidad en la gestión de los asuntos públicos. Necesitamos romper el círculo vicioso de esa opacidad y la inmediatez con que el Gobierno actúa sólo en función del corto plazo, generando enormes problemas para las generaciones futuras, y además someter a escrutinio público la información relativa a su gestión, al manejo de los recursos fiscales y humanos que la sociedad le ha confiado, a los criterios que sustentan sus decisiones y a la conducta de los servidores públicos.

Es apremiante generar un círculo virtuoso integrando al sector empresarial, al Gobierno, a la academia y a la sociedad civil en la construcción del mapa y de la ruta a emprender para reconstruir el País y la movilización del motor del desarrollo sostenible.

Para ello es necesario adoptar los siguientes principios internacionales vinculados a la gobernanza: la transparencia y la rendición de cuentas, la capacidad y competencia del Gobierno, la coherencia del marco institucional y regulatorio, la planificación estratégica, la concertación con la sociedad, la lucha contra la corrupción y la pobreza, la responsabilidad, la apertura, la integridad y la confianza.

La responsabilidad (“accountability”) significa que el servidor público debe responder y rendir cuentas ante los ciudadanos por la honestidad, la legalidad y la utilización de los recursos y la calidad formal y sustancial de su gestión. La apertura a la participación en las decisiones asigna y garantiza al ciudadano el rol y responsabilidad de participar en los procesos decisorios y aportar a los controles del Gobierno y de la gestión pública. Estas garantías de apertura a la ciudadanía incluyen legislar y crear los mecanismos operacionales de información y comunicación.

La confianza en el Gobierno permite que los ciudadanos estén dispuestos a participar activamente en la solución de los problemas que les afectan. Incide en la disposición de las personas capaces y probas a aceptar cargos públicos y promueve la disposición social a cumplir con las leyes y normas y con sus obligaciones con el fisco. La integridad, de acuerdo con Transparencia Internacional (1996), se refiere a los sistemas que permiten combatir la corrupción y fomentan el no sucumbir a las presiones de concesiones, transacciones y tolerancia a las influencias propias de la burocracia en la administración pública y la vida política.

Para movilizar este esfuerzo resulta apremiante gestar un gobierno competente centrado en los valores de la calidad, la eficiencia y la productividad en los servicios públicos, el emprendimiento, la creación de riquezas y la competitividad, el desarrollo del capital social y la rendición de cuentas. Debemos emprender con voluntad una amplia reforma del aparato burocrático gubernamental que redefina y reestructure las bases de su composición, sus capacidades institucionales y las competencias de sus recursos humanos.

Este esfuerzo, para que sea coherente, debe quedar consignado en un “plan de país” que dé dirección y paso al diálogo y la concertación con la sociedad y sus representantes y viabilice una verdadera reconstrucción económica y social. El plan a emprender creará una nueva plataforma de dirección y gestión de la sociedad que nos permitirá dar sentido y propósito a las aspiraciones de desarrollo sostenible, competitividad económica y cohesión social, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.

Consideramos que el mayor reto que enfrenta Puerto Rico en la actualidad es forjar un país de oportunidades, sustentable y con calidad de vida. Para enfrentar este reto es necesario hacer compatible y sincronizar los vectores del desarrollo reconocidos internacionalmente que hemos discutido aquí. Estas iniciativas exigen voluntad, disciplina y gran capacidad de visión y planificación más allá de los ciclos cortoplacistas con énfasis en los períodos eleccionarios que han prevalecido hasta hoy.

La historia nos reclama comenzar a trabajar para crear el círculo virtuoso y actuar ahora.

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