Julio Muriente

Punto de vista

Por Julio Muriente
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George Floyd y el plebiscito estadidad sí o no

Evaluemos por un momento la oferta que le hace el Partido Nuevo Progresista (PNP) a nuestro pueblo, cara a la consulta mal llamada plebiscitaria del próximo tres de noviembre. Solo hablan de dinero. Quieren llenarnos los ojos con fondos federales, ayudas, cupones, chequecitos y muchos etcéteras más. El parasitismo eterno. 

Nada dicen de derechos humanos, de nuestra cultura y nacionalidad, ni del culto a la guerra y la violencia que distingue a Estados Unidos. Nada dicen de racismo, de discrimen, ni de la pobreza y la inferioridad a la que han estado sometidos millones de compatriotas por muchas décadas. Nada dicen de las inmensas riquezas que han acumulado aquí en estos 122 años, que suman mucho más que las promesas de los anexionistas. En su fantasía, para ellos la anexión es el paraíso terrenal.

Puerto Rico y Estados Unidos son dos grandes extraños entre quienes los afectos y las querencias brillan por su ausencia. Es una relación marcada por el desprecio y los prejuicios. Desde mucho antes de Trump.

En su visión dolarizada de la vida, los anexionistas pretenden que por unos pesos nos integremos a una sociedad que se ha forjado en la supremacía racial, el discrimen étnico cultural, el fundamentalismo religioso y la violencia indiscriminada.

George Floyd fue asesinado por un policía de raza blanca casi doscientos cuarenta y cuatro años después de la declaración de independencia de las trece colonias norteamericanas. Cuando se constituyó Estados Unidos, pocos años después, había en ese país cuatro millones de esclavos negros. Muchos de ellos eran propiedad del hacendado Jorge Washington y de otros “padres fundadores”.  Ninguno fue liberado. En el proceso de expansión al oeste que siguió a la independencia, millones de indígenas fueron asesinados. 

El país, fundado por hombres-blancos-ricos-fundamentalistas-esclavistas, fue concebido solo para ellos. La inferiorización de los no blancos—negros, mulatos, mestizos, latinoamericanos y caribeños, asiáticos, mujeres y otros-- forma parte esencial de la idiosincrasia de los poderosos de esa sociedad.

En esa lógica planetaria de inferiorización racial-étnica-cultural- nacional y de género, los puertorriqueños y las puertorriqueñas estamos en la rueda de abajo. No somos blancos ni anglosajones. Somos “hispanics”. Somos “spicks”. 

Pregúntele a cualquiera que haya vivido un tiempo en aquel país; en el Bronx, en el Barrio, en Filadelfia o en la Florida. Pregúntele a Juan Ríos por qué en su día tuvo que cambiarse el nombre por Johnny Rivers. Pregúntele a Rita Moreno por qué West Side Story presenta a los jóvenes boricuas como pandilleros que asesinan con arma blanca. Pregúntele a Ricky Martin por qué no se siente seguro viviendo en Estados Unidos. Pregúntenle al boricua a quien le prohíben hablar español en su empleo. Pregúntele a cualquiera por ahí, qué sintió cuando Trump se divirtió tirándonos rollos de papel toalla, tras el paso de María.

Si George Floyd hubiera participado en la consulta del tres de noviembre, hubiera votado No. Nos hubiera advertido de los peligros de semejante pretensión anexionista. Nos hubiera aconsejado seguir otros caminos, de paz y libertad. A él la intolerancia racial le costó la vida. A nosotros la anexión nos podría costar la existencia como pueblo y nación.

Queremos ser amigos del pueblo de Estados Unidos, ese que lucha en las calles por justicia y respeto. Queremos relacionarnos con el pueblo multicolor de George Floyd. Ellos son estadounidenses. Nosotros somos puertorriqueños. Somos diferentes, pero tenemos importantes coincidencias. Han de ser aliados en la lucha por la verdadera descolonización, que significa la independencia de Puerto Rico. Hemos de ser aliados en la lucha por una sociedad superior en los propios Estados Unidos. Distinguimos claramente entre esos ciudadanos tan serios y comprometidos, y sucesivos gobiernos abusadores e insensibles que nos han sometido al colonialismo por más de un siglo.

Que cuente el voto de George Floyd por el No. No a la muerte. Sí a la vida y la hermandad entre nuestros dos pueblos, en igualdad de condiciones, libres y soberanos. 


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