Brenda Reyes Tomassini
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Hostos y doña Isabelita

Llegar al salón de primer grado en agosto fue algo nuevo y desconcertante para mí. Venía de una escuela maternal de vecindario y me enfrentaba a un sistema nuevo que mezclaba la enseñanza tradicional con otras corrientes de aprendizaje.  Fue Mrs. Rivera la que nos dio la bienvenida a aquella aula maravillosa en Colegio Hostos donde aprenderíamos a leer oraciones completas y por los próximos seis años desarrollaría mi intelecto al ritmo de música, arte, actuación, poesía coreada, inglés, francés y las materias básicas.

Cuando estableció aquella institución educativa en 1954, doña Isabelita Freire de Matos no solo puso en práctica las teorías de ese gran educador y humanista que fue Eugenio María de Hostos, quien creía en formar las sensibilidades de los alumnos a través del arte, la indagación y la exposición a estímulos culturales, sino también las suyas propias inspiradas en sus experiencias como maestra del sistema público de enseñanza.

Desarrolló un método experimental creativo en el que exploró el equilibrio entre la libertad y la naturaleza de los individuos. Su expectativa era que, con sus métodos, los estudiantes podrían desarrollar actitudes positivas y sus talentos a plenitud. 

La vertiente pedagógica de doña Isabelita enfatizaba en la lectura y su comprensión. De niña nunca recuerdo haber memorizado mucho material, lo que hoy día se le llama “botella”, pero sí recuerdo comprender lo que leía. Allí no nos hacían pruebas especiales anuales para ver nuestro aprovechamiento académico. Las notas al final del semestre y nuestro desarrollo eran los mejores indicadores que nos estábamos formando intelectualmente.

La filosofía educativa de doña Isabelita, al igual que la de Hostos, no creía en la memorización mecánica. Al contrario, entendía que el niño podía aprender bajo el sistema de intuir para inducir, inducir para deducir y deducir para sistematizar. El mundo era un lugar para ser explorado y experimentado. En sus propias palabras “el niño necesita un conocimiento propio de sí mismo para que adquiera seguridad y esto se realiza a través de darle importancia. Ella estimula la vivencia interpersonal, el proceso experimental, los valores, desarrollo corporal y todo lo que ayude al desarrollo integral del niño”.

Aunque doña Isabelita se retiró de su función como directora de la escuela cuando me aprestaba a entrar a segundo grado, su influencia en el currículo y las educadoras del colegio permaneció por muchos años. A veces nos visitaba, y siempre era una fiesta tenerla de vuelta.

La filosofía pedagógica de Hostos vive en la obra literaria y el método educativo creado por doña Isabelita, el cual a su vez está vivo en cada uno de nosotros que asistió al colegio.  Hostos identificó la escuela como un lugar “cuyo objeto moral era la preparación de conciencia del individuo quien es columna de toda sociedad”.  

Hostos quería que las escuelas se multiplicaran en número y calidad, y en una enseñanza donde el estado tuviese mayor integración en el proceso educativo. Ambos vivieron con la convicción que el futuro del País eran nuestros niños. 

Con el cierre de escuelas que se avecina y un sistema educativo enfocado en números de aprovechamiento, ahorros al fisco y no en el estudiante, mucho me temo que esto será cada día más difícil.

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