William Félix
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La gran encrucijada de LeBron

No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista: la gran encrucijada de LeBron

Fui un “LeBron Hater” por mucho tiempo. Admito, todavía no puedo dejar a Michael Jordan descansar en paz. Fue el gran responsable de enamorarme de este juego (después de mis 12 Magníficos de antaño). Sin embargo, he sido injusto al comparar a LeBron James con Jordan; son circunstancias y condiciones distintas. Debí ser más racional.

Como director médico de eventos especiales en la NBA por los últimos ocho años, he sido testigo de como la televisión no hace justicia a las proezas físicas e intensidad que LeBron exhibe en la cancha y tras bastidores. Jamás he visto tal fenómeno músculo-esquelético:  un hombre de 6’8” y 250 libras moverse en el tablóncillo como una bailarina. ¡Es impresionante! Me quito el sombrero ante Mr. James y su desempeño sobrehumano en esta temporada. 

Como especialista en medicina deportiva, no puedo negar la preocupación que surge al preguntarme cuánto un cuerpo de 33 años, (independientemente lo que se invierta en su acondicionamiento) pueda resistir el empuje de cargar todo un equipo sobre sus hombros en una temporada tan larga e intensa. Es de esperarse a estas alturas, (con un físico tan grande y pesado) cierto grado de degeneración articular en coyunturas como los tobillos, rodillas y caderas. Ciertamente, su fortaleza ayuda la estabilización de estas articulaciones durante la ejecución, pero no impide las consecuencias del abuso a este nivel. Estos procesos degenerativos y de índole traumática, continuarán su progresión y empeoran a medida que se perpetúe el estímulo nocivo. 

También debo mencionar el impacto que la deshidratación severa desencadena al jugar ininterrumpidamente por 48 minutos con tal intensidad. Un músculo deshidratado sufre al igual que los riñones, que continuamente se ajustan para compensar esta deficiencia de fluidos y electrolitos. Gente, estos atletas sufren recurrentemente de insuficiencia renal aguda; puede tomar cerca de dos días restablecer la cantidad de fluidos y electrolitos perdidos en el juego utilizando el método convencional de hidratación oral. Para entonces, deben estar listos para el próximo desafío y repetir este ciclo. Y no hablemos de la carga psicológica, esos son otros veinte.

Ante esta realidad, LeBron tendrá que enfrentarse a una gran encrucijada; terminar su carrera en la ciudad que lo vio crecer, sabiendo que este esfuerzo físico y las oportunidades de ganar un campeonato tal vez no coincidan. De quedarse, sus días en la NBA pueden reducirse considerablemente ante la continuidad del abuso físico en un cuerpo que no va pa’ joven y la falta de ayuda. La otra alternativa, buscar pastos nuevos y crear su propio trabuco tipo Golden State, donde pueda redistribuir sus esfuerzos y delegar en un colectivo más productivo. De paso, extendería sus días en la liga y posiblemente, ganaría más campeonatos. Sucio difícil por demás. 

Pero la realidad es esta: no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. 



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