Jessica Velázquez Rodríguez
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La Navidad y los niños con hipersensibilidad sensorial

La llegada de la Navidad supone para muchos una época de alegría y fiesta. Sin embargo, no podemos perder de perspectiva cómo viven la Navidad los niños dentro del espectro del autismo y lo que estas fechas implican para sus familias. Los niños que experimentan hipersensibilidad sensorial pueden percibir la saturación de los ambientes con colores brillantes, canciones, instrumentos, pirotecnia y la algarabía típica de las fiestas, como algo amenazante. 

Las dificultades de procesamiento sensorial pueden ser parte del espectro del autismo o de otros problemas de regulación en los niños. El desorden de procesamiento sensorial es la dificultad para procesar y organizar la información que llega al cerebro mediante estimulación visual, auditiva, olfativa, táctil, gustativa, vestibular (balance y movimiento), propioceptivo (percepción de movimiento y orientación espacial) e interoceptivo (estímulos o sensaciones internas del cuerpo). Cuando un niño es expuesto a algún tipo de sobreestimulación durante las fiestas, es muy probable que estalle en gritos, pataletas, llanto, se autoagreda o golpee a otros, se muestre aterrorizado y evite intensamente participar de las actividades.

Dicha situación puede representar para las familias un elemento de gran preocupación que los lleva, lastimosamente, a desistir de participar de actividades familiares y más aún de actividades en donde asiste público en general. Esto, en un intento de evitar la tensión que experimentan al tener que manejar las respuestas conductuales de sus hijos en espacios en donde ser juzgado y rechazado sea una gran probabilidad. 

A nivel psicoeducativo es importante educar a la comunidad y trabajar con los padres la importancia de prepararse para esta época, anticipándole a los niños lo que experimentarán. En muchos casos se recomienda exponerlos gradualmente a los estímulos que pueden resultar perturbadores de manera divertida y esperada, de forma que no sientan que pierden el control. Podemos simular los ruidos de los fuegos artificiales o de los instrumentos en una parranda de manera graciosa o torpe para captar la atención de los niños de manera adecuada y mantener una respuesta conductual regulada. Si repetimos el ejercicio en diferentes ocasiones probablemente se disminuirá el impacto negativo durante las festividades. Se debe, a su vez, explicarles los cambios de rutina, ya que estaremos varios días en receso y la falta de estructura tiende a alterarles. Esto se puede trabajar mediante historias sociales, cuentos, cómics o pictogramas que organicen de manera visual el orden de las actividades y lo que se espera de ellos en cada una de estas.

Del mismo modo podemos tener a nuestro alcance materiales para regular la entrada de estimulación sensorial. En primer lugar, debemos permitirles participar en la selección de los elementos. Un ejemplo de estos materiales sería cascos o sombreros especiales para amortiguar golpes. Auriculares, tapones auditivos para disminuir la intensidad del ruido, gafas de sol para atenuar la brillantez visual y alguna tablet o celular con su música y videos favoritos para ayudarles a calmarse. Asimismo, se puede incluir goma de mascar, mordedores, pelotas relajantes y “spinners”, entre otros. No se recomienda que prueben alimentos nuevos o se les obligue a participar en actividades sociales con personas extrañas sin haberse preparado con anterioridad, ya que esto puede precipitar crisis conductuales que requerirán de mucho esfuerzo para poder restablecer la calma. Por último, se le debe explicar a los familiares para que todos mantengan un ambiente adecuado que fomente su oportunidad de diversión.

Recientemente se han visibilizado esfuerzos a través de los medios para crear actividades más sensibles a las necesidades de la población. Sin embargo, el acceso y el disfrute de las actividades no debe limitarse a un día al mes y por un periodo de tiempo determinado. Se deben considerar en los diseños de las áreas recreativas espacios permanentes en donde el nivel de estimulación sea adecuado para desarrollar una cultura de inclusión que armonice con la diversidad funcional de nuestras comunidades.


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