


Ya se ha vuelto casi rutina que, cada cierto tiempo, un titular nos recuerde que en Puerto Rico nacen menos personas de las que mueren; que la migración, aunque se ha desacelerado, persiste; y que, como resultado, nuestra población continúa disminuyendo y envejeciendo. Las estadísticas y las gráficas se repiten año tras año, pero las interpretaciones en los medios y en el discurso político suelen ser superficiales. Se habla de crisis o incluso de catástrofe demográfica, y las soluciones que se proponen rara vez van más allá de exhortar a la población a tener más hijos. Pero ¿es realmente el aumento de la natalidad la respuesta a los retos que enfrentamos como país?

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