Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Las tribulaciones de nuestra democracia

Que David Bernier haya atendido más el reclamo del bienestar de su familia que al de su partido es pérdida para todos los puertorriqueños.  La precariedad que vive nuestra gobernanza y partidos políticos pide a gritos un liderato honesto y decente como el que Bernier proyectaba, no obstante los traspiés en su pasado intento de ser elegido.  

Tras un comienzo de plataforma deportiva y desempeño impecable en el Comité Olímpico y la secretaría de Estado, Bernier parecía destinado a la gobernación; una empresa política que en esta época impone recaudar millones de dólares y de la que él aún arrastra la deuda de medio millón.  De esa experiencia habida, Bernier contempló el abismo: traición, desengaños, carreras truncas, acusaciones de justicia federal, desprestigio, estigma y endeudamiento. En las aguas turbias que navegamos es un milagro salir de una contienda electoral con la ropa limpia y la reputación inmaculada.

Trágicamente, ya no se vive la época idealista de aquellos líderes puertorriqueños que ofrendaron su juventud a la vida pública, atraídos por el romanticismo de servir y el prestigio que representaba hacerlo.  Nuestra democracia se ahoga en la ambición de poder desmedido, en la glotonería de enriquecimiento indebido, en el oportunismo partidista y la intransigencia ideológica. De esa contaminación no escapa ninguno de los dos partidos tradicionales que han compartido el poder, y ahora, tras la retirada de Bernier, al PPD se le adelgaza su ofrecimiento para el 2020.  Esa falta de entusiasmo hacia las candidaturas que se anuncian tiene lógica explicación: lo que se vislumbra es más de lo mismo.

A los puertorriqueños nos perturban la quiebra, la deuda multibillonaria, el menoscabo de la Junta y la Corte de Quiebra, el golpetazo de María y el alejamiento de nuestra población más productiva hacia el norte. Tanto como eso debe preocuparnos, más debe estremecernos la pérdida de valores éticos y morales que zarandea de corrupción nuestras instituciones políticas de gobierno. Y es que, entre lo mucho que hay por enderezar, lo primero en la agenda es recuperar la honradez y decencia en nuestras instituciones políticas de gobierno.  Enmiéndese ya la Ley Electoral – ¡Ahora! – para cortar la danza millonaria alrededor de las candidaturas.




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