Mayra Montero
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Mayra Montero: anarquistas, gracias a Dios

Me apropio del título a la novela de la autora brasileña Zélia Gattai, para comentar los últimos anhelos de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).

Ellos también son “anarquistas gracias a Dios”. Como el país está en quiebra y el fisco no les puede proveer los millones largos que necesitan para realizar las primarias demócratas, las de junio y las elecciones generales de 2020, el presidente de la CEE, Juan Ernesto Dávila, ha decidido recurrir al “Help American Vote Act” (HAVA), una ley creada en 2002 por el Congreso de los Estados Unidos, para ayudar a mejorar los sistemas de votación en las jurisdicciones americanas. A cambio, supongo que deberá cumplirse con requisitos básicos de transparencia.

A mí me parece que resulta ligeramente incongruente que los partidos soberanistas e independentistas, especialmente los de nuevo cuño, acepten lo que resultaría en una clara intromisión de las autoridades de la metrópoli en el proceso electoral. Lo cual no quiere decir que la intromisión, per se, sea negativa. HAVA impone condiciones como lo hace todo el que facilita una fuerte suma, y hasta donde sé no son condiciones leoninas o que vayan contra la pureza del proceso. Pero en el fondo, desde el punto de vista moral, a mí me luce que tendrían que arreglárselas con lo que tienen y no andar mendigando más dinero.

Son famosos los derroches de la Comisión Estatal de Elecciones; los privilegios de un organismo que devora, en cualquier año fiscal, aun cuando no haya eventos electorales, entre $35 y $40 millones. Apenas a principios de octubre le estaban pidiendo a la Junta de Control Fiscal una cantidad importante porque, de lo contrario, no tenían para celebrar las primarias del Partido Demócrata —que para qué celebran ese show, que lo costeen los americanos—, ni las primarias locales de junio, ni las elecciones.

En el colmo del absurdo, al preguntársele al presidente de la CEE, sobre los trastornos que persisten con el mantenimiento de las máquinas de escrutinio electrónico a cargo de la empresa Dominion Voting System, este se defendió diciendo que: “El contrato se suscribió por unanimidad… Había un interés de la Comisión en moverse a las máquinas de escrutinio. Y realmente, abrir ese capítulo y volver a hablar de eso, no lleva a ningún sitio”.

¿Cómo que no lleva a ningún sitio? Lleva a conocer las metidas de pata, en primer lugar. Lleva a las tinieblas de un interés muy siniestro en introducir un sistema que ellos ya sabían que no se podía costear y por el que pagaron $38 millones. 

¿Cómo que no lleva a ningún sitio?

Un funcionario como ese, y los que le rodean, que son los comisionados electorales, encarnan a la gente que nos da la medida de la oscura filosofía imperante en el país. Se cometen errores, se le da paso a negocios incomprensibles que enredan más y más la economía, y cuando un reportero intenta pedir cuentas, el flamante jefe de la cosa electoral le dice: “volver a hablar de eso no lleva a ningún sitio”. 

Pues se equivoca. Debemos y tenemos que preguntar, y así se llega al sitio que queremos.

Los mismos políticos que votaron unánimemente a favor del derroche de las máquinas de escrutinio (que no solo es el sablazo inicial, sino el contrato mal elaborado, que carga a Puerto Rico con la responsabilidad de costear el mantenimiento, pagar papeletas especiales y cubrir el costo de las baterías), son los que ahora, rebuscando en los beneficios federales, se acogen a una ley del “imperio” para que les aflojen por lo menos un cuarto de millón de dólares.

Eso tiene que haber sido idea de la Junta Fiscal (a la que no le iban a dar ni un vaso de agua), pero a la que han estado mareando para que les provea millones adicionales a los que ya están contemplados en el plan fiscal. La Junta les habrá aconsejado que recurran a HAVA, el organismo federal que facilita fondos a las jurisdicciones estadounidenses para celebrar elecciones. Y en lugar de suspender las primarias demócratas, y hacer aquí unos comicios austeros, sin tanta parafernalia, van para Washington a pedirle a HAVA.

Es por eso que los alardes patrioteros, el desperdicio de fondos, los privilegios y las alianzas partidistas que se dan en la CEE, me han recordado el título de la legendaria obra brasileña. Son muy anarquistas, pero no se olvidan de Dios. Y Dios debería bajar a controlar la burocracia, el ausentismo, el descontrol con las compras que no podíamos ni podemos permitirnos, y los abusivos modos de una Comisión Electoral que nos tiene a todos hasta la coronilla.




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