Mayra Montero
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Mayra Montero: chapotear en la deshonra

Si la gobernadora hubiera tenido un poco de astucia y experiencia política; si no se hubiera dejado llevar por consejeros improvisados y asesores que no saben dónde tienen el pie izquierdo, no habría tocado a la secretaria de Justicia, Dennise Longo Quiñones, ni con el pétalo de una rosa.

El ambiente estaba caldeado desde que la gobernadora se refirió en términos hostiles a la madre de la funcionaria, Concepción Quiñones de Longo, quien a la sazón acababa de salir de la secretaría de Salud. Dos secretarias, madre e hija, terreno delicado.

Desde entonces, desde la debacle en Salud, hubo un compás de espera a ver qué actitud iba a tomar la gobernadora con la titular de Justicia. Todo movimiento de la Primera Ejecutiva hacia Longo Quiñones era escrutado por sus adversarios políticos.

Finalmente Wanda Vázquez la despidió en el momento menos indicado. No debió mover un dedo hasta que pasara noviembre. Sus ayudantes, que al parecer justifican sus sueldazos aconsejando necedades, tenían el deber de ver venir el escándalo, de advertir y aconsejarle a la gobernadora que mantuviera en esto un perfil bajito.

¿Por qué no dejó las cosas quietas, y, en su momento, cuando se publicara lo del referido a la oficina del Fiscal Especial Independiente (FEI), se concentraba en eso y prometía que iba a salir airosa del problema, y que comprendía que la secretaria de Justicia había hecho lo que era su deber?

Hubiera quedado como una reina; una reina con mascarilla de encaje.

Para su desgracia, se dejó llevar por la rabia. Al subir al podio, estaba lo que se dice demudada. ¿Nadie le aconsejó que se enfriara antes de hablar del tema?

El argumento de que el secretario de la Gobernación (que es de una mansedumbre irritante) le pidió la renuncia a la secretaria de Justicia a las dos de la tarde, y esta no se la entregó hasta la noche, es ridículo.

Uno tiene que pensar lo que pone en una carta de renuncia. Sentarse y redactarla con inteligencia. Hay gente que está una semana para hacer una carta de renuncia. O más.

Encima de que le piden que se vaya, ¿quieren la carta en cinco minutos? Y qué más se les ofrece a los señores, ¿un bombón en una bandejita? Si estoy despedida, ya no son mis jefes, ya no me mandan, hago la carta en un tiempo razonable, pensando en lo que voy a poner.

Otro disparate, otro gran tropezón de la gobernadora, fue decir que como la secretaría de Justicia es un puesto de confianza, “ella no tenía que dar razones para despedir a Dennise Longo”. En efecto, la puede despedir cuando desee, de la manera más seca y arbitraria. Eso respecto a la funcionaria. Respecto al país, a los ciudadanos, a los electores que observan, la cosa es diferente. Siento decirle a la gobernadora que a nosotros sí tiene que darnos explicaciones. Que nos asiste el derecho a saber el motivo por el cual se descabeza una agencia de tanta envergadura. A la secretaria Longo Quiñones, si quiere le dice: “Recoge y vete”. Pero con el resto del país no se equivoque. A nosotros nos tiene que rendir cuentas.

Todo lo demás que dijo en su comparecencia de hoy martes, es patético y anecdótico.

Usted, gobernadora, que lo tuvo todo para ganar, especialmente la gran exposición sin desgaste, poco más de un año en el poder, el tiempo justo para meterse a la gente en el bolsillo y darle esquinazo a los problemáticos, al presidente del Senado, al otro y al otro, ha dado un paso en falso.

Dicen que mandó a detener a un motociclista que llevaba documentos a la oficina del FEI. A lo mejor el hombre iba en un carro, pero me gusta esa imagen del motociclista cogiendo la llamada justo cuando estaba entrando en Hato Rey, y la voz sudorosa que le dijo: “No haga la entrega, repito, no haga la entrega”.

La entrega eran los referidos. Que ahora se van a entregar de todos modos, pero ya con la pátina de la deshonra.

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