Brenda Reyes Tomassini
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No es un asunto de multas

Este rotativo publicó que 9,000 abonados en los pueblos de Hatillo y Camuy permanecen sin el servicio de agua potable en sus residencias y negocios debido a que varios ciudadanos irresponsables contaminaron la cuenca hidrográfica que suple a la planta de filtros de Hatillo-Camuy. Eso no es todo: la planta estará fuera de operaciones por varios días más al encontrarse presencia de aceite en el agua que llega a ella tras varios irresponsables salir a cruzar los ríos en sus vehículos todo terreno. 

De igual forma, y tras la flexibilización de la Orden Ejecutiva gubernamental, el saldo en nuestros ecosistemas luego del fin de semana feriado fue vergonzoso. Como si no nos bastara la basura pandémica de guantes de nitrilo y látex y mascarillas de un solo uso que contaminan estacionamientos, aceras y áreas verdes por la conducta irresponsable de algunos, ahora nuestras playas terminaron atestadas de basura. Desperdicios que las personas pudieron llevarse de vuelta a sus hogares y depositar en sus zafacones evitando así afear nuestro mayor atractivo turístico: nuestras playas y espacios naturales.

Como remedio, un legislador ha propuesto radicar inmediatamente una medida que impone una multa fija de $500 a quienes desechen de manera irresponsable en las playas y otros cuerpos de agua mascarillas y guantes. ¡Vaya creatividad! ¿Desde cuándo en Puerto Rico la imposición de multas a nivel estatal ha sido motivo para desincentivar conductas irresponsables y transgresoras al medioambiente? Tenemos cientos de leyes y reglamentos ambientales engavetados que no son llevados a cumplimiento. Nadie se hace responsable. Tenemos una ley de reciclaje que data de 1992 y casi ningún municipio cumple con lo establecido. ¿Cuántas veces no hemos pasado por un predio con un rótulo que indica una multa por disponer de basura en el lugar y allí mismo hay un vertedero clandestino? 

Dependemos de organizaciones sin fines de lucro y ambientales para recoger la basura que otros dejan irresponsablemente en nuestras costas, ríos y espacios naturales. Es hora de que el puertorriqueño asuma su rol sobre su entorno y responsabilidad de sus actos. Más multas no frenarán la situación ni harán que las personas desarrollen mayor conciencia social. Llevamos décadas educando sobre asuntos ambientales con resultados deficientes. Es hora de cuidar nuestro país. La basura que tiramos en ríos, playas y quebradas termina en nuestra cadena alimenticia. El aceite de motor en nuestros cuerpos de agua termina en nuestra piel y sistema digestivo, si no se toman las medidas adecuadas. Es hora de asumir responsabilidad personal sobre el asunto del cuidado al medioambiente. Nos toca a todos. ¡Despierta boricua!


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