Silverio Pérez

Punto de vista

Por Silverio Pérez
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Pérez Casillas encasillado

Gracias a la alcaldesa de Canóvanas, Lornna Soto, podemos activar una memoria histórica necesaria que podría zozobrar ante el bombardeo diario de tanta noticia desesperanzadora. La ejecutiva municipal decidió bautizar un parque para niños con el nombre de Ángel Luis Pérez Casillas, un empleado municipal que fue director de la División de Inteligencia de la Policía en el año en que dos jóvenes estudiantes fueron masacrados por varios policías en el Cerro Maravilla. En julio del año pasado se cumplieron los 40 años de esos actos que indignaron al país más allá de ideologías políticas.

La División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico fue un engendro del FBI en la época de la Guerra Fría compuesto por agentes policíacos adiestrados por esa agencia federal a los que se les convenció de que el país corría peligro de caer en las garras del comunismo y que era un deber patriótico vigilar, perseguir y, de ser posible, exterminar el independentismo. Todo creyente en ese ideal, por pasivo que fuera, se ganaba el derecho a tener un expediente en esa desgraciada División de Inteligencia. 

Mi carpeta de subversivo, la que leí con pavor previo a escribir el capítulo que le correspondería en el libro Solo cuento con el cuento que te cuento, es la número 1510 y tiene una amplia e inequívoca evidencia de esa persecución. Tengo órdenes firmadas por Ángel Luis Pérez Casillas e informes de sus agentes que lograron que me despidieran de mi primer trabajo como ingeniero, conspiraron para que a mi pareja no le dieran un trabajo que se merecía, e interrumpieron mi derecho a la intimidad vigilando mi casa, convirtiendo a vecinos en informantes que lo único que podían delatar era la continua actividad artística a la que me dedicaba.

Abrir mi carpeta fue como echar a correr una película donde te descubres protagonista, seguido por el lente de un camarógrafo incógnito que documenta tu vida, a su antojo, de acuerdo a su criterio, descarta cosas, enfoca en otras, mientras tú, ajeno a esa sombra que te acompaña, pretendes hacer tu vida. Para la trama de una película es fascinante, pero en el universo de la no ficción puede tener consecuencias muy duras. José M. Montañez, Rafael Moreno y otros agentes que halaron el gatillo en Maravilla fueron parte de esa sombra siniestra que me persiguió.

En esa época del reinado de Pérez Casillas, Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví, no fueron los únicos muertos. Antonia Martínez, Carlos Muñiz Varela, Santiago Mari Pesquera y muchos otros fueron víctimas de esa guerra no declarada. A algunos se les arrebató la vida, a otros le hicieron la vida imposible. Encasillar a Pérez Casillas únicamente en los sucesos del Cerro Maravilla no le hace justicia. Él fue la cabeza visible del aparato de persecución y violación del derecho a pensar libremente que el estado montó y que data desde 1948 cuando el Partido Popular aprobó la desgraciada Ley de la Mordaza. 

Sin saber que yo era uno de los perseguidos asistí a todas las vistas que se celebraron en el Senado de Puerto Rico que logró destapar ante las cámaras el asesinato y encubrimiento de los sucesos de ese fatídico 25 de julio de 1978. Estuve allí cuando Ángel Pérez Casillas, de forma arrogante dijo: Yo soy responsable de todo lo bueno y todo lo malo que sucedió allá arriba. Nadie, ni el más fanático anticomunista, ha logrado demostrar que sucediera algo que se pueda calificar como bueno esa tarde de hace cuarentaiún años y dos meses. Así que, parafraseando a Pérez Casillas, él es responsable de todo lo terrible que allí sucedió. 

El que Pérez Casillas lleve años trabajando bajo el manto de una administración del Partido Nuevo Progresista en Canóvanas sin haber delinquido no necesariamente es prueba de su rehabilitación. De hecho, sus palabras al pedir que se retire su nombre del parque para niños demuestran que sigue pensando de la misma forma. Agradecemos a Lornna Soto que por su desconocimiento de la historia nos haya permitido repetir: prohibido olvidar.

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