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¿Qué fue realmente lo de Venezuela?

La crisis venezolana ahora mismo tiene dos lecturas: la del relámpago que se llevó a Maduro, con su secuela de marchas, consignas y ardientes exigencias para que lo liberen, y la otra que se cuece en secreto, escribe Mayra Montero

5 de enero de 2026 - 7:00 AM

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente del autor y no reflejan las opiniones y creencias de El Nuevo Día o sus afiliados.
Tampoco se entiende que Maduro, un hombre tan aguerrido y contestatario, se limitara a decir ante las cámaras, ya estando en suelo americano, Happy New Year. (Rastreo de Redes)

Cuando hace un par de semanas comenté el hartazgo que sentían los venezolanos, dentro y fuera del país, a causa de ese tenso compás de espera que se prolongó por meses, me referí también a la conversación que, según confirmaron ambas partes, habían sostenido Donald Trump y Nicolás Maduro.

Mucho se especuló sobre lo que habían hablado, pero cobró importancia, y así lo mencioné en mi escrito, una supuesta petición de Maduro para que, de aceptar él dejar la presidencia, asumiera el mando su vicepresidenta, Delcy Rodríguez.

Presuntamente, Donald Trump dijo que no.

Pasaron los días. Era de esperar que el presidente de un país amenazado como Venezuela contara con un dispositivo de seguridad impresionante, de próximo y mediano alcance, algo así como un audaz, pequeño ejército a su alrededor. Llegó a decirse que, entre sus guardaespaldas, había especialistas cubanos que constantemente lo movían de un lado para otro a fin de que nunca pasara la noche en un mismo lugar. Así se hizo, en los momentos de mayor peligro y agresión inminente, con Fidel Castro.

El domingo en la noche La Habana confirmó que 32 cubanos habían muerto, la mayoría tratando de que a Maduro no se lo llevaran, cuando ya la salida del líder venezolano era parte de un acuerdo que con toda probabilidad él mismo había aceptado.

Unas semanas atrás había surgido otro comentario que obviamente no se confirmó, pero sí se desmintió con fuerza, y un desmentido apasionado siempre levanta una bandera roja. Se dijo que Maduro estaba dispuesto a abandonar el poder, pero se lo impedían los que lo rodeaban, en especial la guardia pretoriana cubana, ya que una salida abrupta representaba un riesgo para la estabilidad del régimen venezolano, y la debacle total para el gobierno de La Habana. Ciertos medios cubanos salieron corriendo a desmentirlo.

La intervención militar en Venezuela no ha sido, ni de lejos, una intervención al uso.

Empezando porque los soldados no bloquearon carreteras, ni descabezaron al ejército, ni destruyeron las instalaciones de Telesur, que esta servidora ha seguido con regularidad, pero no de ahora, sino desde hace años.

Al otro día, y aún en el momento en que escribo esta columna, las autoridades y ciertos analistas presumían de que el territorio venezolano respiraba paz. De hecho, los jefes militares llamaban “a la calma”.

¿Y cómo pueden llamar a la calma a una población adoctrinada para que, a la menor provocación, se tire a la calle a pelear? ¿No se les había pedido a los ciudadanos que, ante un ataque enemigo, se armaran con palos, machetes o lo que apareciera?

Tampoco se entiende que Maduro, un hombre tan aguerrido y contestatario, se limitara a decir ante las cámaras, ya estando en suelo americano, Happy New Year. Pudo haber dicho muchas cosas, enviarle un mensaje a su pueblo, gritar una de sus consignas, al fin y cabo se supone que no tiene nada que perder, pero, ¿Happy New Year?

Y aquí quiero hacer énfasis en otro aspecto insólito: ¿es lógico que Delcy Rodríguez, vicepresidenta de un país agredido, que juramenta hoy, lunes, como presidenta, acceda a conversar con los funcionarios del país agresor, el mismo que mantiene encarcelados a Maduro y a su mujer?

Delcy Rodríguez, nueva presidenta de Venezuela.
Delcy Rodríguez, nueva presidenta de Venezuela. (MIGUEL GUTIERREZ)

O, dicho de otro modo, ¿se puede conversar con los secuestradores de un tema que no sea la liberación del secuestrado? Ella está en constante comunicación con Marco Rubio.

La crisis venezolana ahora mismo tiene dos lecturas: la del relámpago que se llevó a Maduro, con su secuela de marchas, consignas y ardientes exigencias para que lo liberen, y la otra que se cuece en secreto. ¿Es tan improbable, tan excepcional o tan descabellado que a Maduro le hayan facilitado una salida “honrosa” e indolora?

El presidente Vladimir Putin, que mal que bien se entiende con Trump, ha pedido que liberen al venezolano y se dice que está dispuesto a recibirlo. No me extrañaría que cuando las aguas vuelvan a su nivel, en un gesto de buena voluntad, Trump envíe a Moscú a Maduro y a su esposa Cilia. Gestos más extravagantes le hemos conocido al inquilino de la Casa Blanca.

Lo que queda claro es que a Maduro no querían asesinarlo. El acuerdo, si lo hubo, que yo creo que sí, no contemplaba quitarle la vida. Una pena que hayan muerto al menos 32 personas que tenían órdenes de no dejar que se moviera del país.

Todo en vano, y sí las autoridades cubanas reconocen las bajas es porque los fallecidos tienen familiares, y tarde o temprano iba a saberse que habían muerto de la manera más inútil.

A última hora del domingo —con el “cadáver” todavía tibio de Maduro—, el jefe del Ejército, Vladimir Padrino, apoyaba el ascenso de Delcy Rodríguez a los cielos de la presidencia. Marco Rubio, a la misma hora, advertía que estarían pendientes a las acciones de esta mujer con la que, como ya dije, mantienen franca comunicación.

De modo que… Happy New Year, como dijo Maduro.

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