Gustavo G. Cortina Rodríguez
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Riesgos a largo plazo por el COVID-19

La pandemia por SARS-CoV-2 ha modificado la vida, desde los niveles individuales hasta el colectivo. A pesar de que llevamos seis meses investigando, en tal vez uno de los esfuerzos científicos más extraordinarios de nuestras vidas, al día de hoy seguimos descubriendo información del novel coronavirus.

Cuando el COVID-19 comenzó teníamos unas medidas de prevención distintas a las que tenemos ahora. Fuimos entendiendo su propagación y añadiendo herramientas que pueden ser determinantes para minimizar riesgo de infección, como las mascarillas. Desafortunadamente, en muchos lugares se ha convertido el no usar las mascarillas en una decisión política y no salubrista.

Desde hace unos meses, conocemos que el SARS-CoV-2 es un virus que no solo afecta el sistema respiratorio, sino que es multisistémico. Este virus trae una gama amplia de complicaciones a corto y largo plazo. Una afirmación que se ha discutido en varios lugares, incluyendo los medios de comunicación, es la idea de que solo una pequeña proporción de personas muere a causa del COVID-19. Se menciona que los que no estén en las “poblaciones vulnerables” no deberían preocuparse y continuar con la vida de forma normal. Esto nace de la idea generalizada que se ha repetido en muchos lugares de que solo el 1% muere si contrae el virus y el 99% de los que no mueran estarán completamente bien. Esto, desafortunadamente, es completamente falso.

Hace unas semanas compartía en varios foros que, a medida que se vaya entendiendo el virus, comprenderíamos mejor la tasa de mortalidad para este novel coronavirus. Hoy, ya tenemos varias investigaciones que apuntan desde 0.7% hasta un poco más de 1%. Partiendo de que sea 1%, estamos hablando de que es un virus 10 veces más fuerte que la influenza, que ha sido utilizada como métrica comparativa al COVID-19 desde el inicio. Pero la muerte, a pesar de que es lo más que se quiere evitar, no es la única consecuencia difícil a la infección viral.

Dentro de las situaciones del COVID-19, vemos personas que han muerto por el síndrome respiratorio agudo severo, fallos cardiacos y renales o sepsis, entre otros. Estas muertes no solo se atribuyen a esas poblaciones de riesgo, sino también a personas totalmente saludables y jóvenes. Pero quitando la variable de muerte, vemos personas que pasan largo tiempo en ventilación mecánica. Además, vemos condiciones como: encefalitis, daño neurológico, fallos renales, problemas psiquiátricos, daños al sistema digestivo, problemas cardiacos y vasos sanguíneos y problemas en la piel, entre otros. También personas con coágulos en la sangre y pulmones (aunque sean asintomáticos). Algunas personas tienen que comenzar a dializarse y otros desarrollan daño cerebral permanente. Lo que llamamos “leve” en este virus hay que verdaderamente analizarlo de cerca para comprenderlo.

En Puerto Rico estamos observando un repunte de casos y en Estados Unidos, donde viven muchos de nuestros familiares, ya hay en varios estados lo que se denomina como la “propagación sin control”. Todos estamos expuestos a los efectos de este virus hasta que tengamos un tratamiento efectivo o vacuna. Es posible que durante algún tiempo no sepamos exactamente qué más causa, pero por ahora tenemos evidencia suficiente para saber que existen varios problemas. Permitir que todos se infecten es una estrategia que, incluso ignorando el enorme número de muertos, podría dejarnos mucho peor como sociedad. Además, tenemos mucha evidencia, incluyendo un estudio en España con una muestra significativa, de que en los lugares donde había una gran carga viral, se observó una seroprevalencia fue de 5%. Ya tenemos mucha evidencia de que no debemos apostar a la inmunidad colectiva.

Por eso el impacto del COVID-19 no se puede reducir a un solo número. En la salud pública y epidemiología la interpretación de datos es vital. No obstante, hay áreas en que solo el factor humano y el conocimiento de cómo se comporta una afección en su totalidad, son lo determinante para la toma de decisiones.

A pesar de que todo lo que le digo puede sonar difícil, quiero que recuerden que es importante el uso de mascarilla, lavado de manos, distanciamiento físico y limitar exposición especialmente en lugares cerrados. Esto, articulado con buena política pública y sanas acciones gubernamentales, nos ayudarán a controlar el virus.

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