Carlos E. Díaz Olivo
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Se fue Carrión, se fue García y Promesa, ¿cuándo se va?

Luego de cuatro años en la Junta de Supervisión Fiscal, su presidente, José Carrión y otro de los miembros, Carlos García, anuncian su salida. Esta salida conllevará la reconfiguración de la Junta. Más allá de la sustitución de sus miembros, la pregunta crucial es si, más que la Junta, a quien hay que reconfigurar es a quien hace posible todo esto, la legislación de Promesa y la relación existente con los Estados Unidos. En ese sentido, se fue Carrión, se fue García, y Promesa, ¿cuándo se va?

La quiebra de Puerto Rico evidencia el fracaso del modelo económico y político entre la isla y los Estados Unidos. Ese fracaso resultaba difícil de aceptar hace cuatro años atrás, así que ambas partes improvisaron una supuesta solución con la aprobación de la legislación de Promesa. La encomienda fundamental que el Congreso le dio a la Junta fue que, mediante un proceso especial de quiebra, llevara a la isla a alcanzar responsabilidad fiscal y el retorno a los mercados de capital. Ese objetivo no se ha alcanzado.

Cuatro años después, Puerto Rico continúa con una insuficiencia estructural en sus operaciones gubernamentales. El gobierno ni siquiera es capaz de aprobar un presupuesto para el nuevo año fiscal y por segundo año consecutivo, la Junta impuso el suyo. Puerto Rico no ha pagado un solo centavo de su deuda. En términos de sus agencias y programas, el gobierno sigue tan inmenso como siempre y la posibilidad de retornar a los mercados de capital continúa distante.

A la lista de fracasos hay que añadir otra deshonra mayor. Estados Unidos, sencillamente, no nos respeta y no le importamos. Ya ni siquiera nos permite un gobierno propio sobre los asuntos estrictamente locales. Puerto Rico se encuentra en un estado de postración económica y subordinación colonial tan humillante como cuando en 1898 el general Nelson Miles emitió su proclama anunciando a la isla las “bienandanzas” del nuevo régimen estadounidense.

La culpa de lo acontecido no es del Sr. Carrión ni de los demás miembros de la Junta. Estoy convencido de que desde su perspectiva personal han intentado ayudar a Puerto Rico. El problema de fondo está en el propio instrumento de Promesa, que desde su aprobación está condenado al fracaso. Si bien esta pieza congresional ha brindado alivio temporal frente a la horda inmisericorde de acreedores hostiles, la misma no atiende el problema estructural que aqueja a Puerto Rico: el andamiaje deficiente que la relación colonial fija en términos económicos y políticos.

Los Estados Unidos articularon su relación con Puerto Rico pensando en la extensión de su proyecto económico y militar. En su momento, la isla se ajustó con efectividad a esta concepción hegemónica de los Estados Unidos. Servimos de puente y base militar, brindamos un mercado importante de consumo y de inversión al sector privado estadounidense y fuimos ficha útil en el tablero de tensiones políticas durante la Guerra Fría.

Sin embargo, la incapacidad de crear riqueza local para nuestro propio sostenimiento nunca fue atendida. Mediante un juego de espejo y de andamiajes ficticios, se desarrolló una infraestructura local que resultaba indispensable para el manejo efectivo del bastión militar. La búsqueda de mercados alternos, luego de la devastación europea en la Segunda Guerra y el servir de contrapeso económico a la influencia socialista en el Caribe, conllevó otro influjo de recursos económicos públicos y privados importantes. Pero cuando los intereses del norte en el mundo cambiaron, el juego de espejo y de andamios artificiales quedó al descubierto como lo que era, una ficción, una mera construcción artificial.

En una economía artificial y en un sistema político ficticio, no hay manera real de alcanzar desarrollo económico. La quiebra no es el problema de la isla, sino el efecto final de la inviabilidad del modelo de relación existente entre Puerto Rico y los Estados Unidos. Nadie se equivoque, las cosas no van a cambiar con nuevos gobernantes aquí o en los Estados Unidos, ni con las enmiendas de Raúl Grijalva o Nydia Velázquez a Promesa, ni con una nueva y aguada versión de la sección 936.

La realidad hay que enfrentarla: la ficción ya no es sostenible. Nuevos rumbos nos esperan. Hace falta una reconfiguración, pero no es de la Junta o de Promesa, sino de Puerto Rico y de su relación con los Estados Unidos.

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