Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Sí al voto presidencial en Puerto Rico

Es inmoralmente antidemocrático que un gobernante que no elegimos tenga en sus manos el poder de enviarnos un hijo a la guerra; y aunque no esté implantado el servicio militar obligado, resulta espantoso el mero hecho de que tenga potestad de ponernos a riesgo de guerra. De todas las maldiciones del colonialismo, ésta es la más aberrante y la que más imperdonable hace la sumisión del colonizado.

Desde el cambio de soberanía en 1898 Puerto Rico buscó insertarse en la política nacional estadounidense, unos a través del Partido Republicano, otros del Demócrata; unos buscando la estadidad, otros una fórmula autonómica de gobierno. Nuestra partidocracia luego adoptó el mecanismo hipócrita de enviar sus más privilegiados a disfrutar una semana de igualdad como delegados a convenciones nacionales para votar sus candidaturas presidenciales; hasta que en 1968 las primarias presidenciales emergieron como el mecanismo dominante al escoger los candidatos a la presidencia de Estados Unidos y las convenciones nacionales degradaron a simple fiesta ceremonial de oficializarlos.

En 1979 un gobierno estadista promovió la Ley de Primarias Presidenciales que desde entonces permite el voto directo del pueblo para la selección de los candidatos presidenciales. De aquella primera vez, en el campo republicano, el aspirante George Bush salió de Puerto Rico fortalecido para su competencia con el gobernador californiano Ronald Reagan; lo que más adelante contribuyó a que Reagan lo escogiera como su compañero de papeleta, elevándose a la vicepresidencia y, posteriormente, a la presidencia.  Desde ambas posiciones, Bush nunca olvidó el empujón que le dimos y durante su larga vida, fue influyente abogado de nuestra causa.

Estos días se debate la propuesta del dirigente senatorial Thomas Rivera Schatz para dar otro paso con la papeleta presidencial en las elecciones generales de 2020, habilitando el voto presidencial simbólico para los ciudadanos americanos de Puerto Rico que concurran a las urnas. La idea es buena. Es un recurso habilidoso para insertarse en la política nacional y obligar a los candidatos presidenciales a mirar hacia Puerto Rico con mayor seriedad; y una herramienta útil para recordar a nuestros conciudadanos del norte que, acá en el Caribe, tienen 3.5 millones de sus conciudadanos en indefensión democrática, privados del fundamental derecho a votar por el presidente que les gobierna y estar representados en el Congreso que aprueba sus leyes… que la potencia que predica su democracia al mundo, peca contra los suyos.

Ah, pero que lástima. ¡Qué desperdicio! Trayendo este fundamental asunto como parte de un proyecto de reforma electoral que pretende implantar a la cañona sin consenso ni siquiera oportunidad para el desahogo de las minorías Rivera Schatz es fiel al estilo de bravuconería política que le caracteriza, pero infiel a su ideal.





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