Rosa Delia Meléndez
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Sí, todos tenemos miedo

Ahora, en el mundo, todos los seres humanos somos iguales. Es así porque estamos pasando por un evento único en nuestras vidas, en el que todos somos frágiles ante un virus que no discrimina por edad, sexo, estatus social, profesión, ni religión. Ni la tecnología, ni los grandes adelantos científicos de la ciencia, han podido con un virus que desde China no tiene límites. La mayoría de los que aún vivimos en este mundo y somos responsables por nuestras familias, estamos confinados en nuestros hogares, nerviosos, ansiosos, tristes y atentos a lo peor. Sííí…todos tenemos miedo, quien diga lo contrario miente… nos arropa la incertidumbre.

La preocupación es universal y todos estamos en un mismo bote. ¿Me tocará a mí o algún conocido, familiar, compañero de trabajo morir? ¿Quién será el próximo? Hace unos días, mi prima me escribió y me dijo: “Estoy en mi casa, confinada como todos, entre paredes, pero no paro de llorar. Es una sensación de pánico, indescriptible, que me detiene; me paraliza”. Yo estoy igual de nerviosa y preocupada, pero no era el momento de hablar de mí, sino de ayudarla a disolver ese sentimiento. 

Nuestras familias necesitan atención, comunicación y aliento, aunque estemos desde la distancia. Ahora más que nunca, necesitan apoyo. Así que tómese unos minutos y comuníquese con sus familiares, un amigo, conocido, y bríndele su comprensión y amor. Con solo decir “aquí estoy para tí”, aunque sea una llamada telefónica, un mensaje de texto, o poder verse por videoconferencia por plataformas digitales como Zoom, Hangouts o Skype, ayudará a la otra persona a sentirse acompañada. Trate de repetir esta rutina todos los días y verá que, tanto usted como la otra persona con quien se comunica, se sentirá con más ánimo y seguro de sí mismo.  

Sí… todo se ha derrumbado a nuestro alrededor, por eso tenemos miedo, lo común ya no existe, y eso nos inmoviliza, nos aterra. 

Cada persona debe velar por sí mismo y los suyos. Es la ley del que más resista, tanto física, como mentalmente. Pero ese miedo que nos acompaña todos los días lo tenemos que convertir, poco a poco, en esperanza, sabiduría y generosidad. Sencillo, verdad, pero nada de fácil… pero hay que intentarlo. Piensa cómo te ves en el futuro una vez culmine esta emergencia del coronavirus. Qué cosas debes cambiar para sentirte mejor, y lograr ser un mejor ser humano. Este es el momento. Sabes que la vida es una sola, y si salimos de esta emergencia, sanos y salvos, debemos intentar ser felices y hacer felices a los demás. Echa a un lado todo lo negativo, incluyendo tu vida personal, de trabajo y tu círculo social. Convierte lo malo en esperanza, que se logra cuando algo que desees o pretende ser es posible. Convierte esa esperanza en sabiduría, que es actuar con sensatez, con prudencia y comunícalo o enséñalo a los demás. Por último, sé generoso, y da a aquellos que realmente lo necesiten y lo agradezcan de corazón.

La vida no se hizo en un día ni en dos, pero en medio de todo esto que nos agobia y sí… seguimos con miedo, mucha tristeza, llegará el momento de pasar la página y decir “¡Sí, ahora yo puedo!”. Es tiempo de levantarte.  Tienes una única oportunidad en el futuro. ¡Ser feliz sobre todas las cosas!




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