Emanuel Rier

Punto de vista

Por Emanuel Rier
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¿Soldados o policías?

Durante el fin de semana, a raíz de las manifestaciones por la muerte de George Floyd, escuché un mensaje de Mike Broihier, un “exmarine” y candidato demócrata para el Senado federal en Kentucky, que me tuvo mucho sentido. El candidato expresó que, luego del comienzo de la “Guerra contra las Drogas”, la policía se había convertido en una altamente militarizada.

Desde los 1970, se ha visto un movimiento hacia la militarización de la policía que va en aumento año tras año. En el 1996, el National Defense Authorization Act le permitió al secretario de la Defensa proveerle a policías locales equipos militares del Departamento de la Defensa que estaban en desuso. Desde que entró en vigor la ley, se le ha provisto billones de dólares en equipo a policías, incluyendo rifles, lanzagranadas, aviones, helicópteros y piezas de camuflaje. Los promoventes de esta práctica arguyen que la militarización es necesaria para proteger la vida de los policías y los ciudadanos, pero estudios han reflejado que las fuerzas policiacas que han recibido este tipo de equipo militar son más propensas a tener encuentros violentos con la ciudadanía y a violar derechos civiles, sin importar la tasa de criminalidad, la cual tampoco disminuye bajo estos programas.

A mi entender, existen cuatro problemas graves con la militarización de la policía. Primero, una fuerza policiaca belicosa ve a los ciudadanos, que juraron salvar y proteger, como su enemigo y piensan que están en guerra con ellos. Segundo, las fuerzas policiacas militarizadas se usan más en áreas donde hay grandes concentraciones de negros y latinos. Así, se aplican estrategias policiales agresivas desproporcionadamente y se mantienen unas jerarquías sociales basadas en clase y raza. Esto explica el problema de racismo institucional que existe en muchas fuerzas policiales en Estados Unidos. 

Tercero, las fuerzas policiacas militarizadas tienden a no respetar el hecho de que aún dentro de la violencia y el caos de una guerra, existen reglas. En tiempos de guerra, ya sea por los Convenios de Ginebra, la Law of Land Warfare o bajo las Rules of Engagement, se establecen explícitamente las reglas sobre cuándo y a quién se dispara un arma, y la responsabilidad de salvaguardar civiles y a las personas que estén bajo custodia. 

Sin embargo, en video tras video de las recientes manifestaciones, hemos podido apreciar que las fuerzas policiales altamente militarizadas no siguen este tipo de reglas, ya sea disparando y arrestando periodistas, echando gases lacrimógenos a personas desarmadas y sumisas, o incluso infiltrándose en las manifestaciones para escalar la violencia. En resumen, las reglas, las cuales están fundamentadas en la Constitución y en los derechos que allí se protegen, han sido ignoradas. Y como cuarto y último problema, los policías perpetradores de claras violaciones a las antes mencionadas reglas, históricamente, han resultado relativamente impunes. Esto, aún en casos de crasas violaciones como los de Rodney King y Eric Garner. 

En fin, la militarización de la policía solo ha propagado y aumentado la marginación de las minorías en Estados Unidos, sin ningún tipo de beneficio a la seguridad de la ciudadanía. Por lo que, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico, debemos abogar por la desmilitarización de la policía y devolverla a sus inicios: a ser una entidad colaborativa que mantenga su juramento de salvaguardar la vida de los ciudadanos y no los ataque y mucho menos los asesine. Aboguemos por una policía que sea policía, y no una que se pueda confundir con soldados.