Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Somnolencia peligrosa en el PNP

Desde tiempo prehistórico el hombre se junta para defenderse o atacar y el ronroneo de los tambores anuncia el conflicto por estallar.

Poco a poco nos civilizamos y la democracia surgió como recurso pacifista de los pueblos con el voto en lugar de las armas para solucionar sus conflictos y los partidos políticos desplazando ejércitos en el campo de batalla electoral.

Ayer, domingo, 10 de noviembre de 2019, tuvimos un ensayo de lo que viene el próximo año de elecciones generales con primarias de los dos partidos principales cargadas de conspiraciones internas para la conquista de la gobernación y el poder legislativo.

Con el desenlace extraño de que la tribu progresista que este año sufrió el golpetazo del primer gobernador forzado a renunciar, movilizó a sus electores para ignorar las caras nuevas en la papeleta.

En Barranquitas, pueblo de la montaña de tradición estadista de 30,000 habitantes, votaron 3,500 militantes progresistas o apenas un 19 por ciento de sus inscritos para votar; mientras que, en Humacao, ciudad costera de 58,000 habitantes largo tiempo gobernada por el fenecido alcalde Marcelo Trujillo —aunque en reñida lucha por la poltrona municipal— apenas votaron 3,691 populares o el 10.73 por ciento de su fuerza inscrita.

La contienda de los dos escaños senatoriales por acumulación del Partido Nuevo Progresista es más reveladora: con 16 aspirantes en la papeleta desparramados por la isla buscando apoyo, a la hora que se escribe esta columna, la Comisión Estatal de Elecciones certifica votando apenas unos 33,000 militantes del partido que gobierna.

El pronóstico de que la partidocracia puertorriqueña anda desprestigiada parece confirmarlo este domingo esa baja convocatoria empujada. Esta vez los tambores no motivaron a las urnas y los soldados guardaron sus armas.

La realidad es que la lucha de poder dentro de los dos partidos principales de nuestra democracia no inspira o promete mucho; no hay chispa ni gran entusiasmo evidente por los aspirantes a la gobernación en el campo del partido Popular; mientras – ¡Aburrimiento! – en la trastienda del Partido Nuevo Progresista la apuesta es rehuir las primarias para las candidaturas a la gobernación y comisaría residente.

A su vez, como si no bastara con lo que cargan, los líderes legislativos progresistas se sienten tan inmunes a las consecuencias de sus actos que, a pesar de los pesares, arremeten agendas controversiales con posturas inflexibles para aprobar unilateralmente los códigos civil y electoral. Como escribiría el cura Freixedo: Mi partido duerme.

Esa somnolencia es peligrosa. Nuestro pueblo anda golpeado de muchos pesares y desventuras por asimilarse una tras otra en tan breve tiempo. En aquella época de los tambores de guerra cuando la soldadesca presentía debilidad en su jefatura, el motín a bordo no se hacía esperar. Sobre eso, ya tuvimos amplia evidencia el verano pasado.






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