Víctor García San Inocencio
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Trump, juntas cobradoras y migajas

Donald Trump se dirigió anoche al Congreso, a su nación y al mundo. En su primer mensaje oficial enraizado en los hechos alternativos de su realidad esquizoide, el presidente estadounidense proclamó los fundamentos de su doctrina: hacer a EEUU grande de nuevo, velar con obvio paternalismo por los sectores medios y trabajadores devolviendo a EEUU las fábricas y los empleos que se fueron, robustecer la defensa y la infraestructura y poner a raya al establishment económico.

Trump casi le pasó de largo al tema migratorio aun cuando sin duda lo mantiene dentro de su visión draconiana.

El discurso de Trump y sus lineamientos ideológicos son claramente populistas, los consume un supremacismo “americanista”y una visión distorsionada de la realidad económica y social estadounidense.

Impregnadas de una retórica unitaria difícil de creer, el presidente americano pareciera querer crear su leyenda demasiado de prisa y a cualquier precio. Aun así, queda claro, que sus políticas no se pasean en las medias tintas y que el barrecampo será su signo y rúbrica.

Después de todo, Trump viene de derrotar a los Clinton, a los Obamas, a los dos expresidentes Bush y a cuanto republicano se le cruzó en el camino.

Cuando uno escucha al presidente estadounidense, se pregunta hasta cuándo le durará la cuerda; si podrá mantenerse en pie a pesar de su “putinismo” -su fea afición al grandiosismo de Putin y a sus indentaciones en la política de EEUU- o su mendacidad locuaz y estrepitosa.

Sin duda alguna, para vislumbrar cómo será su administración, habrá que examinar, no sólo la lectura de las palabras de sus escribientes en este sencillo y eficaz discurso, sino la cola de sus tuits madrugadores y de sus exabruptos con la prensa. Habrá que escudriñar bien el contenido de sus pactos visibles e invisibles, y la muy probable continuidad del enriquecimiento obsceno y desigual de ese puñado de personas y corporaciones que controla buena parte de la riqueza estadounidense.

Naturalmente desde la ínsula colonial caribeña, desde debajo de la mesa donde caen juntas cobradoras y migajas, desde debajo de la rueda... Prácticamente todo es especulación debido al punto remotísimo en que habría de estar el caso puertorriqueño en la agenda de Trump.

Triste caso fuese que el señor presidente del Imperio nos confundiese con otro de sus campos de golf o con una antigua provincia del Situado Mejicano al otro lado de su Muro soñado.

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