Brenda Torres Barreto
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“Wipes” y aceite, riesgos invisibles al ambiente

El cuidado de la infraestructura del agua comienza por nuestro hogar. Para tener todo en orden y desinfectado durante la cuarentena, un producto de consumo intenso son las toallas con desinfectante desechables, mejor conocidas en inglés como “wipes”. Su uso fácil permite mantener las superficies libres de gérmenes, lo cual ha sido nuestro objetivo ante el COVID-19.  Sin embargo, estos wipes son usualmente desechados por el inodoro. Esta mala costumbre atrofia las líneas sanitarias, revienta tuberías y provoca desbordes sanitarios e inundaciones. 

Como consumidores, seguimos instrucciones, y lamentablemente la mayoría de estos productos están etiquetados como “flushable” sin serlo. Estudios constatan que estos no se descomponen, sino que recorren la tubería hasta taponarse. 

Poco se ha hecho para regular su disposición. Lo más cercano a concienciar sobre su impacto y desecho adecuado ha sido el desarrollo de un Código de Práctica en el 2017. Este recomienda advertir en la etiqueta de estos paños que no se tiren al inodoro.  Su naturaleza voluntaria hace del código uno liviano. Establecer un estándar para etiquetar de manera correcta estos productos e invertir en campañas educativas son los pasos a seguir.  

A los “wipes” se une, como amenaza a la infraestructura del agua, el aceite de cocinar usado. Ahora que estamos más tiempo en el hogar - y cocinamos más - es meritorio recordar que, igual que los “wipes”, el aceite de cocinar usado debe depositarse en un recipiente y botarse a la basura o reciclarse. El aceite se endurece y su acumulación puede hacer reventar una tubería, descargando directamente a cuerpos de agua, como las playas y lagunas.  Nunca debemos disponer de ellos por el fregadero, lavamanos o por las alcantarillas.

Una solución loable es el reciclaje de aceite de cocinar usado, el cual se lleva a cabo por residentes de la Calle Loíza y Condado, en colaboración con empresas privadas y el Estuario. Su recogido y reciclaje no solo es un gran alivio para la infraestructura pluvial del área, sino también para los vertederos.  

A nivel mundial, tanto los “wipes” como el aceite de cocinar usado, representan un dolor de cabeza. En Estados Unidos, las acumulaciones de aceite son responsables de entre un 40% a un 50% de las obstrucciones en las alcantarillas. En Canadá, remover los “wipes” les cuesta $250 millones al año; en el Reino Unido han provocado 12,500 eventos de inundaciones y causan el 21% de los desbordes sanitarios en Australia.  

En Puerto Rico el problema es aún más crítico. El envejecimiento de la infraestructura del agua, la falta de mantenimiento y el impacto causado por los eventos atmosféricos colocan a nuestro sistema pluvial y sanitario en una categoría vulnerable. Si la sobrecargamos, ponemos a la Isla en más aprietos, y al sistema de salud en jaque por los desbordes de aguas usadas. 

Mientras nos quedamos en casa con la meta común de bajar la curva de contagios de coronavirus y estar saludables, tenemos la responsabilidad de proteger, asimismo, la infraestructura del agua de nuestros hogares y los recursos naturales.


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