La selección de palabras para comunicar un diagnóstico positivo requiere un gran esfuerzo y compromiso para mantener la serenidad ante el fuerte impacto que recibirá el paciente.
La selección de palabras para comunicar un diagnóstico positivo requiere un gran esfuerzo y compromiso para mantener la serenidad ante el fuerte impacto que recibirá el paciente. (Shutterstock)

Las estadísticas oficiales más recientes, presentadas por el Registro Central de Cáncer de la Universidad de Puerto Rico, incluyen las cifras documentadas entre 2012 y 2016. Según el informe, para aquel tiempo se habían reportado casi 16 mil casos nuevos de cáncer —un 51.5% en hombres y un 48.5 en mujeres.

Prevalecía, entre los hombres, el cáncer de próstata (con un 37.3%) y, en las mujeres, se destaca el cáncer de mama, con un 29.1%. En ese entonces, el cáncer colorrectal se identificaba como el segundo tipo más diagnosticado –un 23%, sumando los hombres y las mujeres, con una diferencia porcentual de 1.3% entre ambos sexos.

La Sociedad Americana del Cáncer (ACS) establece una “multiplicidad de factores” que aumentan la ocurrencia del cáncer, definido como “un grupo de enfermedades caracterizadas por el crecimiento y propagación de células anormales que, de no controlarse, pudieran causar la muerte)”. La entidad señala que hay factores modificables –como el sobrepeso y el tabaquismo. Otros tipos de cáncer se manifiestan por mutaciones genéticas.

La revelación de un diagnóstico de cáncer requiere de una intervención estructurada que, según dos profesionales de la salud, nunca es un proceso fácil.

Las palabras del oncólogo

El doctor Segundo Rodríguez Quilichini, cirujano oncólogo y catedrático del Departamento de Oncología en el Recinto de Ciencias Médicas (UPR), reflexionó sobre sus experiencias sobre este proceso.

“Cada paciente tiene necesidades y mentalidades distintas”, subrayó. La primera “buena palabra” que debe prevalecer es “sensibilidad”.

“El médico tiene que hacerse ‘el mejor amigo’ del paciente, escucharle y validar cualquier emoción que manifieste. Esa persona siente miedo por lo que pudiera escuchar, sobre todo en el caso de una malignidad”, afirmó. “Hay que ser cuidadoso con las palabras que se usen en ese momento crucial”.

A modo de mitigación, Rodríguez programa un par de citas para explicar nuevamente toda la situación, una vez se ha divulgado el diagnóstico. “Lo hago para asegurarme de qué entendió (o no), y dónde está (a nivel emocional), luego de la noticia”, dijo.

Evitamos decir las palabras ‘muerte,’ ‘tiempo de vida’, ‘recurrencia’ y ‘estadio avanzado porque aumentan el estrés en el paciente. Muchas veces, aún en la segunda o ‘la tercera cita, el paciente está en negación, procesando todo el impacto de la noticia en su futuro inmediato y a largo plazo”, explicó Rodríguez. “Hay que darle tiempo a que toda esa ansiedad baje y pueda entender lo que haremos desde ese momento en adelante”.

Sin embargo, el experimentado cirujano proyectó mucha franqueza al mencionar su segunda palabra “buena” en estos casos tan impactantes: “honestidad”.

“Hay que decirle la verdad. No puedes mentirle al paciente. No lo haces con el propósito de alarmarlo o provocarle miedo, pero esa verdad hay que decirla en un momento específico”, apuntó. Para algunos pacientes, la noticia no resulta tan impactante, pero sí hay otros diagnósticos complicados, como la metástasis, que son más duros de revelar. “Es muy fuerte cuando tenemos que confirmar que el asunto no pinta bien”, admitió.

Sin embargo, Rodríguez se decantó por “buscar el momento” adecuado para abordar el tema. “Hay que establecer confianza con el paciente y encontrar la manera sensible de decir lo que hay”, aseguró. “Empatía es, para él, la tercera “buena palabra” necesaria para hablar sobre un tema que es tan delicado como urgente, sobre todo cuando hay que trabajar rápidamente para contener el desarrollo del cáncer.

En su experiencia, hay pacientes que, ante este diagnóstico tan difícil, sienten mucha tristeza, afirmó Rodríguez. “Uno tiene que estar bien atento, sobre todo si el paciente ha tenido algún trastorno depresivo previo”, recalcó.

El apoyo de la familia y las personas significativas es un recurso muy valioso. “Estas personas son muy importantes para que un paciente pueda moverse rápido de la negación a la acción”, dijo el médico. Rodríguez apuntó que hay pacientes que “se entregan” al proceso con mayor éxito porque tienen un mejor estado inmunológico, están más seguros porque cuentan con las herramientas físicas y, sobre todo, un buen estado mental para enfrentar lo que les espera.

Las palabras del psicólogo

El doctor Gilvic Carmona-De Jesús –psicólogo clínico y profesor de la Universidad de Puerto Rico en Utuado— trabaja con tres tipos distintos de pacientes diagnosticados de cáncer: activos, sobrevivientes y terminales. En su amplia experiencia, Carmona-De Jesús resaltó dos casos muy particulares.

“Mauricio (nombre ficticio) recibió un diagnóstico de leucemia cuando tenía apenas doce años. Cinco años más tarde, todo parecía marchar muy bien, pero el paciente temía viajar a hospitales fuera de Puerto Rico porque allí siempre le daban una mala noticia”, recordó el psicólogo.

El presentimiento de Mauricio se manifestó cinco años después, al saber que su condición era terminal. “Me apretó mucho el corazón, porque no quería morir. Como psicólogo, la preparación académica y espiritual que se hace para manejar estas situaciones ayuda, pero la paradoja estaba entre su actitud de permanecer con vida a pesar de que no había vuelta atrás”, destacó. “Honestamente, uno se queda sin palabras y tiene que recurrir a otras estrategias para manejarlo. Como profesional, este caso me movió el piso”, declaró.

Por otro lado, Carmona-De Jesús contó la historia de Paulina (nombre ficticio), diagnosticada con un cáncer de páncreas terminal y referida a un hospicio. “Por alguna razón que desconozco, la señora tenía un diagnóstico terminal, pero no se moría”, relató. En ese asunto, Paulina estuvo tres años, entrando y saliendo del hospicio.

“Una de sus cuidadoras me contactó para solicitarme que adelantara mi cita con ella, que siempre se programaba para los viernes. Fui un sábado a verla y, cuando hablé con ella, me dijo: ‘Yo no he perdido la batalla del cáncer; la enfermedad me ayudó a entender que nos vamos cuando nuestro propósito, y ya se ha cumplido”.

Además de sus experiencias con pacientes, Carmona-De Jesús apuntó hacia el lado clínico. En específico, el psicólogo recalcó que el médico sí acompaña y apoya desde la empatía, pero la palabra más adecuada, a su juicio, es “compasión”. “Este término se está utilizando con más frecuencia en la neurociencia”, dijo.

“En el fondo, ese médico y todo el personal que lo acompaña, están acompañando al paciente en su pasión, que tiene dos partes importantes: el deterioro del cuerpo, el dolor físico y emocional y, finalmente, el sufrimiento [causado por el avance del cáncer]”, detalló.

“Esa parte es, de todas, la más sensible y, para muchos, la más difícil, porque ya su enfermedad se percibe como algo real”, aseguró. “Tan pronto como la persona entiende que tiene una condición cuyo desenlace puede o no ser terminal, el sufrimiento es algo que pudiera ser opcional, pero eso depende de la actitud que asuma la persona ante su circunstancia”, puntualizó Carmona-De Jesús.

Las palabras reales

Las estadísticas actuales –aún por reportarse— no distan mucho de estos números. Según la Sociedad Americana del Cáncer, una de cada tres personas recibirá un diagnóstico de cáncer en su vida. El año pasado, solamente en Estados Unidos, se estimaba la posibilidad de diagnosticar 1.8 millones de nuevos casos.

“La selección de palabras para comunicar un diagnóstico positivo requiere un gran esfuerzo y compromiso para mantener la serenidad ante el fuerte impacto que recibirá el paciente”, señaló Carmona-De Jesús, quien concurrió con Rodríguez en la importancia de no mencionar la condición por su nombre y mucho menos hablar de muerte o tiempo de vida.

En cuanto a “honestidad”, el psicólogo la intercambia por “realidad”. “La incertidumbre aumenta los niveles de ansiedad que, a su vez, elevan los niveles de cortisol, que es un alimento para el cáncer [por su efecto inflamatorio en el cuerpo]”, destacó Carmona-De Jesús.

“Este factor es muy importante, sobre todo en la recuperación”, apuntó Rodríguez. “Al final, para mí la palabra más importante es esperanza, que nunca se puede perder, aun frente a lo inevitable”, concluyó.

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