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Middelina Figueroa Rodríguez, paciente de leucemia mieloide aguda
Middelina Figueroa Rodríguez, paciente de leucemia mieloide aguda (Alberto Bartolomei)

En enero del año 2021, Middelina Figueroa Rodríguez estaba a punto de lograr uno de sus más grandes anhelos: uno de esos que te cambian la vida para bien. Pero, esa emoción fue trastocada con una noticia que azotó su vida, como un poderoso huracán, ya que fue diagnosticada con leucemia mieloide aguda y tuvo que ser atendida de emergencia debido a su grave estado de salud.

Comencé a presentar fiebre al atardecer, como a las 4:00 p.m., además de cansancio extremo y dolor en la muela superior izquierda. Empecé a tomar medicamentos para el dolor, pero, cuando empecé a botar potecitos [vacíos] de 32 pastillas, me estuvo raro. A raíz de eso, acudí a emergencia, me hicieron la prueba del COVID-19 y de influenza, y un CBC. Entonces, como atendían en la carpita, por el COVID, me dijeron: “necesitamos hablar contigo en la oficina”. Cuando entré, vi al doctor con una cara de no muy buenos amigos y me dije: ‘aquí hay algo mal’”, relató.

“Él me dijo: ‘tenemos un problema con tu CBC, está reflejando que tienes los glóbulos blancos por encima’, no sé cuánto, pero científicamente era demasiado elevado. Me dijo que aparentaba ser por problemas de la médula ósea. Yo me quedé en shock”, expresó Figueroa, quien admitió que no suele rememorar lo sucedido, ya que fue un momento muy doloroso.

Así comenzó su batalla con lo que, a todas luces, era cáncer, al punto de que terminó en Centro Médico donde, sin poder esperar al diagnóstico absoluto, tuvo que recibir quimioterapia de emergencia.

“Yo jamás pensé tener cáncer. ¿Yo? ¡Yo no! Esto fue como la virazón, un huracán. El corazón se me comprime; no tengo palabras. Hay que estar en esta posición. Yo, dentro de todo el susto, la impresión, me mantenía tranquila. La fiebre no me dejaba, por eso les dije: hagan conmigo lo que quieran. Estaba grave. Me fueron estabilizando, día tras día, los diagnósticos no eran los mejores, me transfundieron pintas y pintas de sangre, mucho más de doce, y de plaquetas fueron como diez”, dijo la mujer de 42 años, quien confesó que lo más difícil, en términos físicos, es aprender a vivir sin su cabellera, proceso que, aseguró, aún no supera.

Al mes y medio de ese tratamiento, luego de que se estabilizara un poco su salud, una prueba arrojó que aún tenía un 34 por ciento de leucemia en la sangre, por lo que continuó hospitalizada, recibiendo quimioterapia. Hasta que un día comenzó a experimentar ansiedad, depresión e insomnio, y era urgente, para su estabilidad emocional, refugiarse con su esposo y su hijo menor, José A. Meléndez. Así que, como estaba más fuerte, le dieron de alta, con la promesa de que se diera tratamiento cada 21 días, sin fallar.

Mientras estuvo hospitalizada, su ADN fue enviado a Estados Unidos para encontrar a un donante que fuera compatible con ella, ya que necesita un trasplante de médula. Sin embargo, no se encontró ninguna persona apta. Entonces, surgió lo inesperado.

“Me indicaron que, a nivel mundial, no había nadie compatible genéticamente conmigo. Entonces, le hicieron la prueba de sangre a mis hijos y el doctor me indicó que la única compatible conmigo era mi hija, y es un 50 por ciento. Mi hija me dijo: ‘tenías la salvación al lado tuyo y llevas un año esperando por un donante’”, comentó la madre, quien espera poder realizarse el trasplante en el mes de marzo.

“Tengo que esperar a que mi hija, Jesmanely Rivera Figueroa, quien es militar y está en la base de Alaska, pueda venir. Ella tiene 21 años y cumple con todos los requisitos [para el trasplante]. Ella quiere hacerlo, está loca y ansiosa de venir, y ya su jefe le dio el permiso”, explicó la paciente quien, mientras llega el momento, se dedica a estar con su esposo, su hijo menor y sus cuatro perritos, que son su adoración.

Sin duda, para Middelina, el que su hija pueda brindarle la posibilidad de extender sus días de vida resulta en un regalo único de amor.

“Eso es lo que siempre decimos, ella lo tomó de esa manera. Yo, como madre, jamás pensé que, dando vida, necesitaría de ella misma para poder extenderme unos años de vida. Jamás pensé pasar por este proceso”, dijo.

Aunque ya va un año de su diagnóstico, Middelina, quien fue madre soltera desde muy joven y siempre dijo haber tenido un temple fuerte para sostener a su familia, aseguró que nunca imaginó estar en una posición de vulnerabilidad como la que ha tenido que experimentar.

“Hice una retrospección de todo lo que me pasó en mi vida y estoy volviendo a nacer, estoy gateando, pero no puedo dejarme caer. Mis hijos me necesitan. He sido madre soltera desde jovencita, he sido fuerte. Esto para mí fue un boom, pero con todo, sigo pa’lante, positiva y esperanzada de que voy a salir de esta. No te puedo decir que no lloro, pero esta seriedad es un escudo para sobrevivir en esta vida”, dijo la valiente mujer, al reconocer el riesgo al que se expone con el trasplante de médula.

El trasplante me tiene un poco nerviosa. Me dieron un panfleto y dice que debo tener un cuidador las 24 horas del día, y hay que hacer un testamento, en caso de que ocurra lo inesperado. Como toda cirugía, es algo comprometedor: de vida o muerte. Si pasamos el trasplante, continúo con mi cuidador 24 horas por un mes en el hospital, luego, en el hospedaje de la Sociedad Americana contra el Cáncer y luego, un mes más, con un cuidador 24 horas en mi casa”, expuso Figueroa, quien, de paso, agradeció al personal de la Sociedad Americana contra el Cáncer por brindarle esa ayuda tan esencial para su proceso de recuperación.

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