


Las temperaturas extremas ocasionadas por el calentamiento global, especialmente en el trópico, afectan a las personas con enfermedades cardiovasculares, quienes pudiesen descompensarse si no toman las debidas precauciones.
Entre los sectores poblacionales de mayor vulnerabilidad se encuentran los adultos mayores y pacientes con hipertensión, diabetes, obesidad, fallo cardíaco, derrame cerebral e infartos previos, entre otros diagnósticos que pueden verse agravados por la exposición a ambientes calurosos y de alta humedad.
El cardiólogo Steven García Santiago explicó que “quizá podemos pensar que el clima y la salud cardiovascular no tienen ningún tipo de relación. Sin embargo, en los últimos años, el cambio climático ha provocado veranos más calurosos e inviernos más fríos. A esto se suman huracanes más intensos, factores que pueden representar un riesgo que muchas veces subestimamos al evaluar su impacto en las enfermedades cardiovasculares”.
Según el especialista, “el calor extremo puede provocar la descompensación de enfermedades cardiacas crónicas como la hipertensión y el fallo cardiaco, además de inducir al desarrollo o deterioro de arritmias que estaban controladas”.
“El calor puede causar deshidratación debido al sudor excesivo y también provoca la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que disminuye la presión arterial. Como consecuencia pueden presentarse mareos, desmayos, eventos trombóticos y descompensaciones de fallo cardiaco”, advirtió.
Añadió que “los pacientes mayores de 65 años están en mayor riesgo, al igual que aquellos con afecciones cardiovasculares preexistentes como infartos, derrames cerebrales, hipertensión o fallo cardiaco”.
Entre los efectos del calor extremo, García Santiago explicó que la reducción de la presión arterial obliga al corazón a aumentar su frecuencia cardiaca para compensar esa disminución.
“Esto hace que el corazón trabaje en exceso y puede provocar mareos, desmayos y eventos trombóticos como infartos, derrames cerebrales o descompensaciones de fallo cardiaco que, quizá, estaban estables antes de un evento agudo de calor”, detalló.
El cardiólogo también alertó sobre el impacto del calor en los tratamientos médicos. “Los pacientes con hipertensión o fallo cardíaco suelen utilizar medicamentos para controlar la presión, incluyendo diuréticos. Durante las olas de calor, la deshidratación puede hacer que la presión baje aún más, y si a eso se suma el efecto del diurético, el riesgo aumenta”, enfatizó.
Para trabajar con esta situación admitió que “durante estos periodos de calor, en ocasiones es necesario ajustar las dosis, ya sea disminuyéndolas o aguantando una [dosis]. Sin embargo, esto nunca debe hacerlo el paciente por su cuenta, sino en coordinación con su cardiólogo, quien debe establecer un plan de acción para enfrentar los días de calor extremo”.
De otra parte, instó a que los pacientes se mantengan bien hidratados en todo momento, sobre todo, evitar la exposición directa al sol, consignando sus actividades fuera de las horas pico de calor.
“Si vas a hacer actividad física, hazlo temprano en la mañana o en horas de la tarde, luego de que pase el tiempo pico del calor y del sol para evitar que no tengas efectos secundarios de las temperaturas altas”, indicó.
Recalcó que la actividad física es beneficiosa para todas las personas, tengan o no enfermedades cardiovasculares, pero durante las olas de calor es fundamental la hidratación adecuada y el reemplazo de electrolitos.
Asimismo, exhortó a estar atentos a síntomas de alerta que podrían poner en riesgo la vida del paciente. “Desmayos, dolor en el pecho, mareos persistentes o palpitaciones son señales que ameritan evaluación médica inmediata. Muchas veces se atribuyen estos síntomas al calor y se espera a que pase, pero no siempre es así y, por eso, siempre es mejor prevenir alguna desgracia”.
Finalmente, aconsejó “no tratar de ganarle al clima”.
“Siempre hay que protegerse y, de la mano del cardiólogo o tu médico primario, contar con un plan de acción para manejar la salud durante episodios de clima extremo”, concluyó.
La autora es periodista colaboradora de Puerto Rico Saludable.

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