Vista parcial del puente Eiserner-Steg y y la Orilla de los Museos, en la ribera del río Meno, donde se encuentra los principales museos de la ciudad. (Suministrada) (semisquare-x3)
Vista parcial del puente Eiserner-Steg y y la Orilla de los Museos, en la ribera del río Meno, donde se encuentra los principales museos de la ciudad. (Suministrada)

Hasta hace algún tiempo, la ciudad alemana de Fráncfort del Meno ha sido percibida en el ambiente turístico como un discreto banquero que, consciente del valor de su mesura, se conforma con participar de los intereses de la popularidad de otras capitales europeas.

En los últimos meses, ese rol está cambiando y convirtiendo a Fráncfort en la capital más pretendida de Europa. La positiva transformación del perfil turístico de esta capital, a orillas del río Meno (en alemán “Main”), viene precedida de un histórico proyecto de renovación urbana: la recuperación de su casco antiguo.

Con la restauración de su corazón histórico, la fama de aburrida ciudad de banqueros de Fráncfort ha quedado en el olvido. Si esta temporada de travesías lo lleva a aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Fráncfort, separe tiempo entre los transbordos y acérquese en tren a esta capital, cuna del gran escritor Johann Wolfgang von Goethe. Tras completar el viaje de unos diez minutos, sabrá por qué Paris o Berlín pueden esperar.

El nuevo casco viejo

La renovación del casco viejo de Fráncfort, a un costo de unos $222 millones, le devuelve a la ciudad lo que las bombas de la Segunda Guerra Mundial le arrebataron, una versión moderna de su antiguo carácter urbano.

El “DomRoemer-Quartier” fue inaugurado el pasado mes de septiembre y se extiende entre la catedral de San Bartolomé (Dom) y el Roemer o antiguo ayuntamiento.

El barrio se compone de 35 casas, que incluyen 15 reconstrucciones fieles al diseño original y 20 edificios arquitectónicamente innovadores. Materiales antiguos rescatados de las ruinas de la guerra, gran destreza artesanal y una armoniosa interpretación arquitectónica de los nuevos edificios le han devuelto al céntrico barrio el brillo que las bombas le quitaron.

Antes de la guerra, Fráncfort poseía uno de los cascos antiguos más grandes y hermosos de Europa. Ese pasado, pero también el rejuvenecimiento de la ciudad, ahora se refleja en las coloridas fachadas y hermosos patios interiores de su nuevo corazón urbano. Pequeñas tiendas, restaurantes y dos nuevos museos complementan la atmósfera cultural y mercantil que caracteriza los cascos antiguos europeos.

La plaza central del nuevo barrio viejo de Fráncfort continúa siendo la Roemersberg, la plaza de la alcaldía. Enmarcada por el Roemer, un conjunto de edificios medievales que durante seis siglos albergó al ayuntamiento de la ciudad. Algunas de estas fachadas del siglo XV sobrevivieron parcialmente los bombardeos de la guerra o fueron reconstruidas, manteniendo su aspecto original. Sólo muy pocas estructuras en la plaza sobrevivieron intactas, entre éstas su central Fuente de Justicia y la casa Haus Wertheim, la taberna más antigua de la ciudad.

En el céntrico vecindario se encuentra la catedral imperial de San Bartolomé, el templo donde durante siglos se coronaba a los reyes alemanes, así como la Paulskirche o Iglesia de San Pablo. Esta iglesia del siglo XVIII fue sede del primer parlamento elegido públicamente en Alemania. Como tributo a su simbolismo liberador, fue el primer edificio de Fráncfort en ser reconstruido después de la guerra.

Mainhattan europea

Desde el centro antiguo es sencillo explorar otras atracciones que, como en París, se encuentran repartidas entre los dos márgenes del río. En el Banhofviertel, el barrio alrededor de la estación de tren, se encuentran los restaurantes, galerías y clubes de moda. Este barrio, antiguamente famoso por sus burdeles, ha sido renovado también y ahora le sirve de entretenida antesala al distrito bancario de Fráncfort, la zona en donde se concentran los rascacielos de la ciudad.

Un ambiente comparable al de La Defense de París o la City de Londres se percibe recorriendo las amplias avenidas de esta área financiera, sede del Banco Central Europeo, de la Bolsa de Valores alemana y plaza de más de 30 bancos internacionales.

Desde lo alto de su Main Tower se disfruta de una espectacular vista de la ciudad. Este es el único rascacielos del distrito que ofrece una plataforma pública de observación a 650 pies de altura. Pero si las alturas le provocan vértigo, otra manera de contemplar el tupido panorama vertical del distrito bancario es desde la “Mainufer” u orilla del Meno, el malecón verde donde los “frankfurters” salen a relajarse.

En el otro margen del río aguarda la Orilla de los Museos, una de las zonas museísticas más importantes de Europa y sede de 15 de los 32 museos que ofrece la ciudad. Cruzando por el “Eiserne Steg”, uno de los tres puentes peatonales que cruzan el Meno, llegará a la “Museumsufer” en el barrio de Sachsenhausen.

Algunos de los museos de esta orilla se cuentan entre los más más reconocidos de Europa. Tal es el caso del Museo Städel con una colección que abarca siete siglos de arte. Otros museos como el de las Culturas del Mundo, el de Comunicación o el Museo Judío de Frankfurt dan muestran de la diversidad temática que ofrece esta orilla museística.

Pero antes de regresar a los barrios del centro no debe dejar pasar la oportunidad disfrutar en las “Apfelweinwirtschaft” o tabernas de Sachsenhausen del típico “Apfelwein”, la refrescante sidra de Fráncfort.

Fráncfort y el Brexit

Adentrándose en el centro de Fráncfort percibirá nuevas construcciones e infinidad de locales recién inaugurados. Los cambios son consecuencia indirecta del Brexit inglés que ha convertido a la ciudad alemana en una de las capitales europeas favoritas para sustituir a laCity de Londres como el nuevo corazón económico del Viejo Continente.

Diversas instituciones financieras y de seguros han anunciado la mudanza de sus operaciones a la “Mainhattan” lo que ha impulsado la planificación de hasta 20 nuevos rascacielos y la apertura de nuevos locales comerciales y gastronómicos para hacer sentir como en su casa a los recién llegados.

Este éxodo es reforzado por la fama que ha cultivado Fráncfort como una ciudad abierta y amigable hacia los forasteros.

El tamaño compacto de su centro y el bullicio multicultural que se vive en sus calles y barrios es uno de los aspectos que anima a integrarse y a explorar sus rincones más populares, como la calle peatonal y comercial Zeil, conocida como la “quinta avenida de Fráncfort”, por la cantidad de tiendas que brotan aquí. Desde la terraza del décimo piso del moderno centro comercial “My Zeil”, se disfruta de hermosas vistas de la ciudad.

Oportunidades para hacerse un selfi inolvidable encontrará encarando las dos torres cruzadas del rascacielos de cristal del Banco Central Europeo o la gigantesca escultura del Euro en la plaza Willy-Brandt-Platz.

Otros lugares turísticos se dejan ver cómodamente desde el Ebbelwei Express, un antiguo trencito que sirviendo una copa de sidra junto a un salado Bretzel ofrece los fines de semana paseos por las principales atracciones de la ciudad. Al terminar la ruta sabrá por qué últimamente todos quieren darse la vuelta por Fráncfort.


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