


Hay una pregunta que ronda con fuerza en conversaciones entre mujeres profesionales en diferentes etapas de su carrera: ¿cómo se construye un futuro propio en un mundo laboral que cambia velozmente?
Más allá de títulos o certificaciones que se adquieren a través de horas de estudio, resulta vital en estos tiempos desarrollar capacidades que apoyen el conocimiento intelectual y permitan evolucionar hacia el futuro que se desea.
La Dra. Yessicca Fargas-González, estratega en desarrollo organizacional y coach ejecutiva, explicó que ser la arquitecta de tu futuro significa “dejar de pedir permiso para avanzar y empezar a accionar con fuerza, presencia y seguridad”.
Este no es un proceso que ocurre en el vacío. Es una decisión intencional. Requiere introspección, honestidad y voluntad para tomar decisiones alineadas tanto a valores como a propósitos. También implica equiparse de valentía para asumir riesgos que pueden significar errores, reconociendo que, incluso, de estos se aprende.
Entre las capacidades que más apoyan el camino profesional en el mundo de hoy —y de cara al futuro— están la adaptabilidad, la autenticidad y la proactividad.
Fargas-González definió la adaptabilidad como “la habilidad de supervivencia profesional, pues nuestros entornos cambian constantemente y, muchas veces, más rápido de lo que cambian nuestros planes estratégicos”. No es una habilidad blanda decorativa; es una competencia estructural.
La autenticidad, por su parte, es una ventaja competitiva. La practican, de acuerdo con Fargas-González, quienes actúan con integridad y propósito.
Por otro lado, la proactividad es sinónimo de accionar con iniciativa y visión.
“Es la capacidad que tenemos de poder anticiparnos, de tener iniciativa y no esperar instrucciones constantemente. De observar, de proponer soluciones y de generar movimiento antes de que el problema se convierta en una gran bola de nieve”, explicó la coach ejecutiva y presidenta de YFG Professional Development Consulting.
Resaltó, además, que las profesionales que logran integrar estas tres cualidades ganan agilidad, humanidad y estrategia.
Aunque en algunas personas estas capacidades parecen ser innatas, la realidad es que pueden aprenderse y entrenarse. Este proceso comienza con la intención: hay que proponérselo.
Algunas estrategias recomendadas por Fargas-González incluyen “evaluar qué funcionó y qué no, asumir proyectos que reten, aprender a expresar límites con claridad, solicitar retroalimentación y usarla como brújula de crecimiento, además de capacitarse constantemente”.
Por su parte, Angiemille Latorre, directora de Seriously Creative, introdujo un elemento que, en tiempos de inmediatez, parece casi subversivo: la pausa.
“En mi opinión, la capacidad más importante en momentos de transición es saber pausar. Respirar profundo. Y usar ese momento como una oportunidad estratégica de aprendizaje”, propuso.
Una pausa estratégica no significa quedarse inmóvil, sino crear el espacio necesario para analizar y continuar construyendo el futuro deseado.
“Muchas veces lo primero que hacemos ante el cambio es resistirlo. Pero, si en vez de pelearlo lo aprovechamos para hacer inventario, la historia cambia”.
Ese inventario —explicó— implica mirar el panorama completo y preguntarnos con honestidad dónde estamos.
Para Latorre, la vida profesional funciona por ciclos.
“Cuando uno está cerrando uno, vale la pena preguntarse: ¿Qué estaba buscando lograr en esta etapa? ¿Qué funcionó? ¿Qué no funcionó? ¿Qué debo dejar de hacer, comenzar, hacer más o hacer menos?”
Desde su perspectiva, avanzar estratégicamente implica reconocer lo que ya se tiene: aprendizajes, herramientas, contactos, experiencia y confianza. La suma de todo esto se convierte en la base para diseñar el próximo paso.
También señaló prácticas que urge abandonar si queremos construir una identidad profesional sólida.
La primera es la tendencia a dudar de la propia legitimidad, incluso, cuando se cuenta con la preparación y la experiencia que nos respaldan. La segunda es pedir disculpas constantemente, ya que esto “diluye” la credibilidad. Su invitación es a preferir el lenguaje asertivo y la confianza. Y cuando se trata de liderazgo, la diferencia entre cumplir y transformar es evidente.
“Los líderes influyentes son gente que crea espacios para que la gente se sienta segura, apoyada e inspirada para lograr su mejor trabajo”, afirmó. Además, añadió, “son auténticos, comunican con claridad y transparencia, están en constante aprendizaje y dan el ejemplo con sus acciones”.
Las entrevistadas coinciden en un punto esencial: el futuro no pertenece a quienes esperan sentirse completamente listas.
A la mujer que siente que se le hizo tarde, Fargas-González le recuerda que “jamás es tarde” para tomar el control de su vida profesional y continuar creciendo. Y a la joven que comienza con inseguridad le comparte un mensaje igual de importante: muchas de las respuestas aparecen mientras se avanza.
En un mundo laboral en constante transformación, ser la arquitecta del propio futuro es una práctica continua. Un proceso de crecimiento en el que se arriesga, se aprende y también se pausa para recalibrar, buscando ganar claridad y confianza en cada etapa.
“El futuro le pertenece a quienes se mueven y avanzan aun cuando están descubriendo el para qué”, afirmó Fargas-González.
Como sugirió Latorre, ese movimiento comienza con algo tan simple —y tan poderoso— como detenerse, respirar y decidir, con intención, el próximo paso.
La autora es periodista colaboradora de Suplementos.

Te invitamos a descargar cualquiera de estos navegadores para ver nuestras noticias: